1 de febrero 2001 - 00:00

"No quise hacer nada que pareciera falso"

Graciela Borges.
Graciela Borges.
Mar del Plata - (31/01/2001) En las largas filas que se forman para ver «Fiebre del Senado por la noche» en el Teatro Atlas, el nuevo espectáculo veraniego de Nito Artaza y Miguel Angel Cherutti, es posible escuchar una y otra vez la pregunta «¿saldrá desnuda?». El comentario no está referido a Karina Mazzocco ni a Cecilia Oviedo, las vedettes femeninas del espectáculo, sino a Graciela Borges, a quien pocos imaginaron nunca subida a un escenario de revista.

Consecuentemente, su presencia en escena se hace esperar y cuando finalmente aparece, la escena misma cambia rotunda-mente. El desopilante humor político de Artaza-Cherutti, los pasos de comedia brillante y las acrobacias de los bailarines dejan paso a un refinado striptease, sí, pero emocional y autobiográfico en el que Borges, dirigida por Raúl De la Torre como en muchas de sus películas, repasa su historia, canta, baila y hasta llora recordando a sus padres que aparecen en fotos proyectadas. Media hora después, todo cambia nuevamente y la comedia sigue. Dialogamos con una todavía conmovida Graciela Borges en su camarín.

Periodista: ¿Qué cambió para que usted acepte este trabajo tan atípico en su carrera?


Graciela Borges:
En esencia no cambió nada. Una vez yo estaba hablando de lo que uno selecciona como trabajo con María Luisa Bemberg y me dijo una frase conmovedora: «¿Sabés lo que pasa Gra?, todos los caminos no están en el mapa». Y éste era un camino que no estaba en mi mapa de vida. En realidad, lo que más me gustó fue lo desconocido. Después de haber hecho muchos films, teatro también, modestamente después de hacer muchas cosas que me parecieron muy interesantes y otras menos, pero en fin, hacer lo que uno desconoce es como una aventura. Es como cuando uno era chico y decía «qué divertido perderme en el bosque». Nos encantaba porque eran una aventura, y esto también es una aventura.

P.: ¿Quiere decir que no sabía con lo que se iba a encontrar?


G.B.:
No sabía cómo era. De todas maneras percibí, quizás cuando vine a los camarines a saludar otros años, que había un grupo de gente muy dinámico, que se cambiaba muy rápido, que tenía mucha alegría. Acá hay algo muy tonificante. Acá llegás y Miguel Angel ( Cherutti) está probando la voz, hacen bromas... Por ejemplo, una de las cosas que más me gustó hacer en mi vida, fue «Cartas de amor», primero con Bebán, después con Luppi, disfruté mucho, pero la primera parte era tan oscura, tan dolorosa y acá, a pesar de que se juegan muchas emociones, hay una cosa muy tonificante.

Biografía

P.: ¿Se siente renovada?

G.B.: Es que es tan sanador ver a mi viejo con el que tuve una relación tan dificultosa. En cambio cuando pasan la foto de mi vieja, ni la miro, me doy vuelta y canto. Con mi madre no tenía un cordón umbilical, tenía una manguera.

P.: Cuando usted finalmente entra en escena, la obra cómica se corta y pasa a ser algo así como un film biográfico suyo, en donde pasan por una pantalla gigante las imágenes más importantes de tu vida, pero además canta y baila. ¿Cómo se siente con eso?


G.B.:
Me ayudó mucho Raúl De la Torre. Cuando dije que sí, pensaba en eso y en bailar, cantar... Es muy lindo todo lo que ha hecho Reina Reech como directora artística en el espectáculo, lo que hace con los bailarines, pero si ella hubiera depurado mi forma de baile hubiera sido falso. Lo divertido era cantar con la voz que siempre canté, como cuando uno canta en el baño, y bailar con cierta gracia. Entonces es uno y no un personaje impuesto.

P.: A una de las funciones asistieron Susana Rinaldi; el director del Instituto de Cine, José Miguel Onaindia; Marta Bianchi y cuando usted los vio, cambió el libreto. ¿Hace eso siempre que ve a alguien conocido en la platea?


G.B.:
Nunca digo lo mismo. Pero si apunto a hacerlo a la manera de Enrique Pinti, tan inteligente y maravilloso, por ejemplo si me pusiera a hablar de la realidad social, en un espectáculo así no serviría.

P.: ¿Cree que mucha gente elige este espectáculo para ver qué hace?


G.B.:
Creo que viene por curiosidad, también por lo poco que estoy en la tele, a pesar de «Primicias», por lo mucho que pasan mis films en la tele. Pero la gente no tiene mucha idea cómo es verme en vivo, no hice mucho teatro.

P.: ¿Cómo se lleva con sus compañeros?


G.B.:
Muy bien. Siempre los veía a Nito y Cecilia Oviedo, su mujer para comer juntos. En cambio a Miguel, lo conocía menos. Lo había visto en algunas temporadas de Mar del Plata, pero no lo conocía bien. A Karina Mazzoco, que es linda por dentro y por fuera; a las bailarinas, que vienen a mi casa todo el tiempo; los bailarines Vladimir y Flavio son dos soles, con todos ellos hay una armonía increíble.

P.: Se la ve muy cómoda entre transparencias...


G.B.:
Como tengo un quiste en la columna, tuve que dejar un poquito la gimnasia y por eso estoy más gorda y la verdad es que podría estar mejor. Creo que
l o más lindo es la frescura, hay que tener mucho cuidado con las cosas que uno se hace en la cara. Cirugías puede tener todo el mundo, para acomodarse lo que se le cae, lo que me parece muy prudente decir, es que hay que tener cuidado con los colágenos y las siliconas porque se pierde frescura. Lo que no hay que hacer es darle poder al espejo, mirarse todo el tiempo y verse cosas que el otro no ve. Mi ser interior nunca terminó de cumplir los 9 años, siempre tiene 8. El otro día mi hijo me preguntó «¿Este 10 de junio vas a cumplir 9?», y yo le dije «me parece que todavía no», por eso tengo tanta energía, soy la primera que llega y la última que se va. No me siento para nada una femme fatal. Las mujeres divinas que hay acá, ésas son «femmes fatales», no yo.

P.: Ultimamente se está hablando mucho de «La ciénaga», el film de Lucrecia Martel que la tiene de protagonista. No sólo va al Festival de Berlín, sino que va a inaugurar el de Mar del Plata en marzo.


G.B.:
Es que es una película maravillosa, muy dura pero con mucho humor y una lectura muy ácida, de ciertas familias norteñas, hecha por esta chica de poca edad y muy talentosa. Es verdad que es la película de la que más elogios escuché sin haberse estrenado. Ahora, después de 12 o 13 años que no participaba, la Argentina va a concurso con este film a Berlín. Cuando la vio Robert Redford murió, le encantó. A mí también. Cuando la vi, no pude conversar con nadie, dije «buenas noches» y me fui a pensar sola a un bar. Me gustó cómo trabajaron todos, especialmente los actores salte-ños, y con mi actuación estoy muy contenta.

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