No siempre halla a su público un film animado

Espectáculos

«Dragones: destino de fuego» (Perú, 2006, habl. en español)Dir.: E. Schuldt. Guión: G. Pollarolo y E. Moncloa. basado en libro de H. Garrido-Lecca. Dibujos animados.

Igual que «Piratas en el Pacífico », el primer film del peruano Eduardo Schuldt visto aquí en 2005 (el primero de animación digital 3D hecho íntegramente en el Perú, además), «Dragones»: destino de fuego» está basado en un libro para chicos de Hernán Garrido Lecca. E, igual que aquél, éste tiene un argumento decididamente pedagógico, y una factura meritoria -lejos de las de Hollywood, claro está-, que se luce mejor en la segunda parte.

La historia de un pequeño dragón (John-John, extraño nombre cuyo simbolismo se nos escapa), criado como hijo propio por una pareja de cóndores que hallaron el huevo en una cueva, empieza dirigiéndose a los niños más pequeños y da para todo tipo de enseñanzas. La primera, que la base de una familia es el amor, más allá de sangre y genes (John-John al principio no puede volar, lo que lo hace blanco de burlas de sus traviesos hermanos adoptivos); luego el valor de la amistad, de la responsabilidad, de la valentía, etc. La principal: el cuidado de la naturaleza. Al respecto, cabe apuntar que quien tiene a cargo esta parte de la enseñanza es una especie de chamán, detalle localista que, curiosamente, no abundan en este film.

Cuando una dragona viene a buscar a John-John para que salve a su pueblo de « johndrags», esclavizado por «vildrags», seres monstruosos cuyo objetivo final es literalmente incinerar el planeta, el film no sólo pretende atraer a chicos algo más grandes, con lo cual corre el riesgo de asustar a los más pequeños, sino que se puebla de guiños u homenajes (de algún modo hay que llamarlos), de dudosa pertinencia. Por ejemplo, la música de «Rocky» acompañando el entrenamiento para el combate del dragoncito, el efecto princesa de «Shrek» en la mágica conversión de una «libérnaga» (en la lógica del film, un insecto fantástico en extinción, que también proveerá la posibilidad de que el amor florezca entre especies diferentes), o el ubicuo monito tití que será simpático, pero es directamente un calco de la ardilla de «La era del hielo», aparte de andar tarareando la música de «El hombre araña».

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