7 de noviembre 2001 - 00:00

Norma Aleandro adapta con inteligencia a Bernard Shaw

Eleonora Wexler y Pablo Rago
Eleonora Wexler y Pablo Rago
«Hombre y Superhombre» de B. Shaw. Trad.: P. Zangaro. Versión y Dir.: N. Aleandro. Int.: H. Bidonde, P. Rago, E. Wexler, T. Serrano, H. Rago, J. M. Tenuta, V. Carreras y elenco. Coreog.: A. Chinetti. Mús. Orig. y letras de canciones: J. Maronna. Ilum.: R. Traferri. Vest.: R. Schussheim. Esc.: G. Galán. (Teatro San Martín, Sala Casacuberta).

No es difícil imaginar cuánto pudo haber molestado al público del 1900 esta irreverente comedia «de ideas», que no sólo arremete contra los políticos, la aristocracia dominante y la burguesía ávida de dinero, sino que, además, se encarga de ridiculizar diversos prejuicios relacionados con el sexo y los vínculos amorosos.

Pero, para el espectador de hoy, es probable que la pieza resulte, en algunos puntos, bastante ingenua y plagada de digresiones (el episodio de los bandidos de Sierra Nevada funciona, por momentos, como una obra aparte). Por eso es necesario aclarar, que uno de los mayores méritos de esta versión, dirigida por Norma Aleandro, es la de haber logrado una excelente puesta al día del material (impartiendo oportunos cortes y acelerando la acción) y de haberlo puesto en manos de un elenco excepcional.

Acción

La acción está centrada en el juego amoroso de sus protagonistas: Jack, un aristócrata lleno de contradicciones, defensor del socialismo y acérrimo enemigo del matrimonio, y la astuta Ann (a la que Eleonora Wexler le agrega no poco encanto), una conocedora nata de las leyes del amor y de la ingenuidad masculina en ese terreno, que echa mano a los más variados ardides para atrapar a su presa. A través de ella y adaptando algunas ideas de Darwin y Nietszche, Bernard Shaw intenta demostrar que toda mujer está destinada a cumplir las leyes de la naturaleza para perpetuar y mejorar la especie. Pero, en realidad, lo que se ve en escena es una divertidísima cadena de errores, enredos y malentendidos que vuelven a poner sobre el tapete la tan mentada lucha de sexos.

La directora respetó las circunstancias de época (delineada sin estridencias en escenografía, utilería y vestuario) pero, además, posó sobre ellas una mirada de inteligente ironía que hizo que el texto dramático adquiriera nuevas connotaciones.

Por otra parte, la obra está jugada al estilo de las comedias de enredos de Hollywood, lo que hace más creíbles las insólitas peripecias de sus protagonistas. Junto a ellos se desenvuelve una pintoresca fauna de aristócratas, criados, bandidos y hasta un par de enamorados muy torpes, como el encantador Tavi de Horacio Roca, que de tanto idealizar a las mujeres termina renunciando a ellas.

«Hombre y Superhombre»
tiene también el raro mérito de contar con un elenco tan eficaz como homogéneo, en el que se destacan algunos trabajos de antología, tal es el caso de Pablo Rago ( Jack), que se revela aquí como un consumado comediante, y Tina Serrano (la madre de Ann) una actriz de inagotables recursos para quien no existen los roles secundarios.

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