Rogelio
Polesello (al
centro) con
los
patrocinantes
del Banco de
Galicia, Diego
Videla y
Daniel
Llambías.
Pocos días atrás numerosos famosos llegaron hasta el Centro Cultural Recoleta, a la inauguración simultánea de las exposiciones del convocante Rogelio Polesello, la mexicana Betsabe Romero y la artista y psicoanalista lacaniana Diana Chorne, que desde que su esposo, José Nun, ocupa la Secretaría de Cultura, expone intensamente.
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Abundaban los funcionarios, las modelos, embajadores, galeristas, intelectuales y críticos, además de esa fauna ambigua abonada a los vernisages que se veía exaltada a través de los acrílicos de Polesello, como en un film surrealista. En el ingreso a la sala, escoltando la urna destinada a reunir fondos para el Centro Cultural Recoleta -con escaso éxito a juzgar por los solitarios billetes que la adornaban- estaba la presidenta de la Asociación Amigos, Magdalena Cordero. Algunos lograban esquivarla para ver la muestra sin donar el peso que les pedía, otros se resignaban y metían la mano en el bolsillo.
Naná Gallardo, la mujer de Polesello, como si tratara de rivalizar con las obras de arte, estaba enfundada en un vestido negro de Mariano Toledo que le impedía respirar y emulaba a Nefertiti con la altura de su peinado. Entre los que vivían la muestra como propia estaban Diego Videla y Daniel Llambías, patrocinantes del Banco de Galicia. Con sus años, pero sexy y linda como siempre, estaba Anamá Ferreira, además de Marta Bianchi, Adriana Rosemberg, lady Camila Mackenson, Renato Rita, Mauro Herlitzka, Marcelo Pacheco, la flamante embajadora de México, María Cristina de la Garza, Josefina Robirosa, Sebastián Borensztein, que se prepara para estrenar «La suerte está echada», su opera prima. y un chispeante Torcuato Di Tella, que (a diferencia de Nun), ahora puede decir todos los improperios que le vengan en gana sin que el periodismo lo mortifique.
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