21 de marzo 2002 - 00:00
Otra sublime obsesión engrandece a Nicholson
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Jack Nicholson
En uno de sus mejores trabajos para la pantalla en los últimos años, Nicholson se hace cargo de ese hombre presionado por un mundo que se lo quiere sacar rápidamente de encima: sus compañeros le preparan una veloz fiesta de jubilación y le regalan un pasaje para que se vaya a pescar a México, mientras cierran el caso de la chica muerta con igual celeridad y falta de pruebas, inculpando al sospechoso más obvio e indefenso.
«Código de honor» es la versión, con lenguaje de cine policial típico, de un drama europeo en el que un hombre solitario va aislándose de un mundo del que ya no es protagonista y al que trata de aferrarse, con angustia y desesperación, mediante una promesa que sólo él, según cree, es capaz de cumplir. El agobiado rostro de Nicholson es el mejor vehículo para encarnar a ese hombre.
Además de la sobresaliente actuación de Nicholson y de los convincentes papeles de Robin Wright (ex del director) y Aaron Eckhart como el policía de la «nueva generación», «Código de honor» tiene un sorprendente elenco de actores de primera línea en papeles secundarios, que aceptaron aparecer simplemente por su amistad con Penn: así desfilan fugazmente por la historia Benicio del Toro (el indio sospechoso), Vanessa Redgrave (la abuela de la chica asesinada) Mickey Rourke (el padre de otra víctima), Harry Dean Stanton (el dueño de la estación de servicio que compra el policía retirado), Sam Shepard (otro policía) y Helen Mirren, como la psicóloga, en una de las escenas más perturbadoras para el protagonista, y que muestra en su real dimensión la riqueza expresiva a la que puede llegar un monstruo como Nicholson.



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