«Electroacustik». Actuación de Luis Alberto Spinetta (voz, guitarras). Con C. Cardone y J.C. Fontana (teclados) y Javier Malosetti (bajo). (Teatro Coliseo, 21 y 22/ 11; repite el 29/11.)
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Parece que a Luis Alberto Spinetta le gustó la experiencia que hizo en agosto en el teatro Colón, porque aún sin nuevo disco para presentar, volvió a juntarse con tres músicos que le van a la perfección a este momento suyo más introspectivo.
En relación al concierto del Colón, los únicos cambios -y muy sutiles-estuvieron en la instrumentación; si aquella vez se planteó como un recital acústico, aunque hubiera instrumentos enchufados o amplificados, esta vez sumó las guitarras eléctricas a las de caja, Javier Malosetti cambió su contrabajo por el bajo eléctrico y desapareció el piano de cola.
Por lo demás, fue prácticamente una «remake» de aquel show. Tanto en el repertorio con sólo dos temas nuevos («A estos» en un brillante solo de voz y guitarra que inició el show, y un tema aún sin título que sirvió para cerrar con el último bis), como en la estructura instrumental, en el tipo de arreglos, en la actitud silenciosa casi de concierto de música clásica con que se plantó ante el público, todo fue muy parecido a lo del Colón.
Esta verdadera «retrospectiva» spinettiana recupera muchos de sus mejores temas: «Para ir» y «Leves instrucciones» de la época de Almendra, «A Starosta el idiota», «Tonta luz», «Cielo invertido» (con un excelente solo de Malosetti), «Maribel se durmió», etc.
Hizo, además, «Prometeme paraíso», una pieza de su hijo Dante, y volvió a cantar «Grisel», el tango de Mores y Contursi que grabó por primera vez junto a Fito Páez en el álbum «La la la».
Los arreglos, de actitud y sonido sinfónico, se sostuvieron fundamentalmente en los teclados -por momentos, con reminiscencias de Stravinsky y Bartok- de Cardone y Fontana. Y copió además la ceremonia clásica: tanto él como sus compañeros permanecieron sentados y quietos en sus sillas, no hubo guitarras distorsionadas ni gritos rockeros, y los solos de cada uno de los músicos apuntaron más a la música que al entusiasmo fácil del público.
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