Aún así, estos personajes que oscilan entre la fuga y la traición de manera creíble no crecen dramáticamente sino hacia el final.
La mayor parte del tiempo circulan por la sala y el pequeño entrepiso, o entran y salen de un baño -para ducharse o cambiarse ropa-sin que el dato resulte significativo.
Tanta actividad física no aporta demasiado a la acción y, por momentos, la pieza pierde fuerza debido a su reiteración de recursos. Recién gana intensidad en las últimas escenas, cuando las confesiones se suceden y vuelven por primera vez inquietante la ausencia de la cuarta lectora del grupo, (una niña, muerta en misteriosas circunstancias).
La irrupción de esta verdad «paraliteraria» es la que hace fracasar todos los planes y da fin a la lectura pública.
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