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19 de abril 2007 - 00:00

"Paranoia"

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«Paranoia» («Disturbia», EE.UU., 2007, habl. en ingles) Dir.: D. J. Caruso. Int.: S. LaBeouf, D. Morse, S. Roemer, A. Yoo.

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Mucho más joven que el enyesado Jimmy Stewart del clásico «La ventana indiscreta» de Hitchcock, y un poco mayor que el preadolescente Bobby Driscoll del film de culto «La ventana» de Ted Tetztlaff, el voyeur protagóonico de «Paranoia» tiene la edad perfecta para alivianar una trama archiconocida con todo tipo de condimentos juveniles: rebeldía, traumas emocionales, picardías adolescentes, romance y tonterías infantiles a granel.

Si faltaba algo por inventar, el productor Ivan Reitman y los spielberguianos estudios Dreamworks consiguieron una novedad curiosa: el film de terror para toda la familia. Concepto que no debe confundirse con el del film de terror adolescente tipo «La hora del espanto», con chicos enfrentados a un vecino vampiro capaz de maldades cruentas, pero siempre pensadas con guiños al publico teenager, dejando afuera a los adultos, igual que la saga de «Scream». «Paranoia» esta pensada para poder escapar del género en forma intermitente, postergando la próxima escena de tensión y crímenes sexuales con conflictos familiares, estudiantinas pueriles, erotismo light y enredos amorosos. Esta ensalada obviamente atenta contra la trama principal, para volver en la escena siguiente al clima de thriller antes de que el espectador pierda la paciencia del todo.

Esta estrategia podría ser vista como un sabotaje deliberado por los fans del género y en parte lo es, sólo que los cambios de tono están bien construidos, y en general tienden a darle una extraña verosimilitud a los giros mas insostenibles del relato.

Luego de un prólogo fuerte que marca el comportamiento antisocial del chico, que sospecha del misterioso solitario que vive de un lado mientras espia a su nueva vecina sexy, la historia se toma demasiado tiempo en empezar, dando un rodeo peligrosamente largo: hay que esperar una media hora para que el preso, su chica y un amigo se tomen en serio las sospechas del ominoso David Morse, cuya aparicion en la mitad del film termina por salvar la película.

La madre del antihéroe adolescente, Carrie Ann Moss, está muy desaprovechada casi hasta un final donde se logra ir de lleno al tono siniestro. El montaje es la herramienta para que un desenlace a todo terror tenga el tono oscuro, pero obviamente sin romper el delicado equilibrio de «psychothriller para todo publico».

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