25 de febrero 2005 - 00:00

Pelea de fondo: Scorsese vs. Eastwood

La lluvia de ayer en Los Angeles obligó a proteger a Mr. Oscar, a la entrada del Teatro Kodak en Los Angeles.
La lluvia de ayer en Los Angeles obligó a proteger a Mr. Oscar, a la entrada del Teatro Kodak en Los Angeles.
¿«El aviador» o «Million Dollar Baby»? Las apuestas para el Oscar del domingo a la noche están fuertemente divididas entre la monumental biografía de Howard Hughes, firmada por Scorsese, y el golpeante drama intimista de Clint Eastwood. Al primero, el Oscar le fue siempre esquivo pese a sus repetidas nominaciones; el segundo lo obtuvo en 1993 con «Los imperdonables». Sin embargo, hay quienes aseguran que un «tapado», el director Alexander Payne con su celebrada historia de cuarentones «Entre copas», podría dar la gran sorpresa. La ceremonia tendrá lugar a las 22.30 (hora argentina), y la transmisión local, por TNT, comenzará una hora y media antes.

El último de los pronósticos no es únicamente intuitivo. Para arriesgarlo, tienen en cuenta el resultado de la votación del Sindicato de Actores, que eligió como mejor interpretación del año al cuarteto de este film. Estadísticamente, este premio colectivo suele coincidar con la Mejor Película para el Oscar. Sin embargo, también es ésta la temporada menos clara para buscar indicadores en los premios precedentes.

Por caso, para los Globos de Oro que otorga la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood, la película triunfadora fue «El aviador»; dos semanas después, la Asociación de directores se inclinó por Clint Eastwood, y el ya citado sindicato de actores lo hizo, en actuaciones individuales, por Hilary Swank (la protagonista femenina de «Million Dollar Baby».

Las otras dos películas candidatas, el también drama biográfico «Ray», sobre la vida de Ray Charles, y la encantadora fantasía sobre la vida del creador de Peter Pan, « Descubriendo el país de nunca jamás», no parecen tener mayores chances de hacerles frente a sus competidoras (aunque el intérprete de «Ray», Jamie Foxx, es el favorito en el rubro). El director de «Tarde de perros» y «Doce hombres en pugna», Sidney Lumet, es el único que tiene la certeza de regresar con un Oscar, ya que recibirá una estatuilla especial a la trayectoria.

Este florilegio de preferencias contrasta con lo que venía ocurriendo en los Oscar de los últimos años, donde hubo favoritos clarísimos (el tercer «El señor de los anillos» el año pasado; «Chicago» en 2003). La incertidumbre actual no deja de complacer a Gil Cates, director de la ceremonia, porque como buen hombre de Hollywood sabe que el suspenso es mucho más redituable y atractivo que cuando hay un vencedor obvio.

Y este año, por cierto, Cates redobla sus apuestas para que la transmisión del Oscar recupere algo del rating que venía perdiendo de manera sostenida en los últimos tiempos. Por empezar, modificó la estructura de la ceremonia con la intención de volverla más dinámica, más similar a lo que es la de los premios MTV (Cates busca atraer al público joven, para el que los Oscar se habían convertido en «el show de TV que mira el abuelo»).

Cates
contrató a un referentejoven, como es el actor negro Chris Rock para conducir la fiesta (tiene un estilo de chistes más aggiornado que el de Billy Crystal, por ejemplo), e impuso otros cambios que molestaron a algunos nominados en rubros secundarios: este año, muchos recibirán el premio sin trepar al escenario, mientras que otros nominados deberán hacerlo en su totalidad para reciénenterarse, allí arriba, quién es el ganador o la ganadora.

Ahora, tanto el público como
Cates tienen cierta ansiedad por saber si Chris Rock, que es un humorista muy malhablado, pondrá en apuros a las autoridades reguladoras de la TV, que aún siguen acaloradas por el desliz en el corpiño de Janet Jackson en el partido de SuperBowl del año pasado. «Chris es un hombre muy hábil, y él entiende muy claramente la diferencia entre los comentarios escatológicos que puede hacer en sus especiales de la TV por cable y en cómo ser divertido dentro de los límites permitidos en las redes de televisión», dijo Cates en la página de Internet oscar.com.

Sin embargo, la conducta que viene observando
Rock hasta ahora no tranquiliza demasiado a quienes lo contrataron. «Pero por favor, esto es nada más que un desfile de modas», dijo, presumiblemente en broma, en una entrevista con una revista. «¿Que hombre negro heterosexual se sienta a ver los Oscar? Muéstrame uno».

Desde ayer y hasta el domingo, mientras tanto, los candidatos han empezado con sus preparaciones de vestuario, posturas y discursos. Sin embargo, de acuerdo con la nueva vara con que se mide la importancia de un nombre en Hollywood, hoy el mayor status no radica tanto en ser nominado o no, como en la cantidad de fiestas a la que se está invitado para esa noche.

La primera, desde luego, es la invitación oficial de la Academia a sus candidatos y miembros. Se prevé que al Teatro Kodak asistirá un total de 1600 invitados, quienes por undécimo año consecutivo probarán las delicias de
Wolfgang Puck y sus «oscarcitos» de chocolate.

En segundo lugar, las fiestas que dan mayor status son las de «Mortons», adonde convoca la revista «Vanity Fair», y la del «Pacific Design Center», adonde
Elton John ha trasladado este año un ágape demasiado grande como para seguirlo haciendo en su casa.

• Curiosidades

Como es habitual en los días previos al Oscar, se viene publicando en Los Angeles una serie de notas que de historia y curiosidades sobre la mayor ceremonia del cine. Entre otros artículos, hubo uno que llamó la atención sobre un aspecto contradictorio acerca de la fortuna o la fama que representa este premio para un actor.

En muchos casos, se lee, el Oscar no sólo no significó mayor cosa para un artista, sino que algunas carreras se han eclipsado, o desaparecido, luego de su obtención. En esta
«lista maldita» uno de los ejemplos más claros es el de Louise Rainer. Muy pocos conocen hoy a esta antigua estrella de Hollywood, pese a que ganó dos Oscar: primero por «El gran Ziegfield», en 1936 y, un año después, por «La buena tierra», compitiendo nada menos que con Greta Garbo.

«Muchos actores y actrices han afirmado que ganar un Oscar se convirtió para ellos en una maldición que incluso perjudicó sus carreras»,
dijo el analista hollywoodense Mark O'Neil, y agregó que «muchas veces los productores no quieren contratarlos porque temen que se les exija cifras millonarias».

Louise Fletcher
, que ganó un Oscar a mejor actriz por «Atrapado sin salida», cayó en el olvido muy poco después; Whoopi Goldberg, ganadora a mejor actriz de reparto por «Ghost, el fantasma del amor» (1990), volvió a aparecer en la ceremonia de los Oscar 12 años más tarde, pero como presentadora.

«Ganar un Oscar brinda dos años de gloria, pero hay que saber aprovecharlos. De lo contrario, un intérprete se puede convertir en un Cuba Gooding Jr. en la búsqueda de un papel decente»,
advirtió O'Neil. Cuba Gooding Jr. ganó un Oscar a mejor actor de reparto por «Jerry Maguire» (1996). También se puso el caso de Halle Berry, que hace cuatro años lloró en cámara cuando recibió el Oscar por «Un cambio de vida», y este año llora por otras razones: es candidata a peor actriz del año en las «Frutillas de oro» por su Gatúbela.

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