22 de junio 2021 - 00:00

Adiós a Juan Forn: "Temprano levantó la muerte el vuelo"

Juan Forn.

Juan Forn.

Telam

La muerte anteanoche del escritor, editor y periodista Juan Forn provocó consternación en el mundo literario. Forn, de 61 años, murió a causa de un infarto en Mar de Las Pampas, su lugar en el mundo. Columnista y fundador del suplemento cultural Radar, del diario Página 12, publicó su primer libro, “Corazones cautivos”, a los 28 años, aunque alcanzaría notoriedad con “Nadar de Noche” (1991) y en 2007 con “María Domecq”, que se basaba parcialmente en la historia de Madama Butterfly. Forn creó colecciones para los sellos Emecé y Planeta en los activos años 90, y lanzó a autores como Rodrigo Fresán y Mariana Enriquez. También fue el primer editor del periodista de este diario, Diego Curubeto, con su volumen “Babilonia Gaucha”. Sus espléndidas contratapas de los viernes en Página 12 fueron recogidas más tarde en varios volúmenes.

El artista plástico y crítico musical Sebastián Spreng, que reside en Miami, mantuvo una sostenida correspondencia con Forn, y lo evoca en estas líneas: “Con sus constantes llamaradas de los viernes, Juan Forn reavivó mis desvaídas ganas de leer ávidamente; devoraba sus contratapas y me precipitaba al final para un rato después releerlas despacito, desgranándolas con placer absoluto; así empecé a sentir la obligación de compartir esos anzuelos mágicos, no podía guardarme tanto gozo y de a poco fui sumando una legión de admiradores en este raro norte. Su mayor admiradora, aliada tácita, fue la maravillosa Lilibet Warner, que adoraba tanto como yo su historia de Bonnie and Clyde y los anillos de tungsteno, y aquella otra que nos cambió para siempre la visión de Madama Butterfly; gracias a Juan, Lilibet sumó una razón más para amigarse conmigo entrañablemente, y cuando se murió le mandé un email a Juan contándole el entierro de su admiradora lejana que habia pedido irse envuelta en su petate en un sencillo ataúd de pino: Juan contestó, como lo hacia siempre, breve e inmediatamente: “Qué historia emocionante, Sebastián. ojalá me entierren en un cajón así. Te mando abrazo fuerte”.

Cada tanto me llegaba un comentario, una frase, un aliento, un pedido, alguna búsqueda compartida; Juan era un ancla, un amigo que jamás vi, y que anhelaba conocer en persona. En medio de este desgarrón inesperado encuentro algunos de sus emails, “Que te vaya bien en Viena”, “Me tenés que jurar discreción absoluta” (y mandaba una bomba), “Conseguite este libro, no tiene desperdicio”: Cuando escribió sobre Martha Argerich me mandó este mensaje enternecedor: “Cómo me gustaría que la leyera ella, y algún día conocerla” .Su último email fue hace once meses exactos: “Sebastián, cómo andás. espero que sobrelleves bien la pandemia allá. Yo me vine a vivir a Mar de las Pampas en octubre del año pasado, muy cerca del mar, así que estoy en el paraíso”.

Cómo te vamos a extrañar, los viernes ya no serán los de Juan, no puedo no hacerme eco de la elegía de Miguel Hernández: “Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta” y de aquel sublime, profético extracto de su “Nadar de noche”:

“ - Entonces vos y yo vamos a encontrarnos de nuevo, en algún momento -dijo él.

El padre no contestó.

- ¿Importa algo estar juntos, allá?

El padre no contestó.

- ¿Y cómo es?- dijo él.

El padre desvió los ojos y miró la piscina.

- Como nadar de noche- dijo. Y las ondulaciones de la luz se reflejaron en su cara.

- Como nadar de noche, en una piscina inmensa, sin cansarse.”

Sebastián Spreng

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