"La niña de sus ojos": una fábula sobre leyendas e historias del 55

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La ficción narra el fusilamiento de un loro por cantar la marchita y el asedio de la Libertadora a la joven a la que se señaló como amante de Perón.

Sobre la base de una leyenda urbana, la del loro fusilado por cantar la marcha peronista en 1955, y el proceso por un romance escandaloso que se le atribuyó a Perón poco antes del golpe militar eclesiástico, Vicente Muleiro, con la libertad que ofrece la ficción novelesca, escribió “La niña de sus ojos” (Seix BarraI). Narrador, dramaturgo y periodista, Muleiro ha publicado, entre otras novelas, “Quedarse con la dama” y “Cuando vayas a decir que soy un tonto”, los ensayos “La clase un cuarto” y “Los monstruos” y numerosos libros para chicos. Dialogamos con él.

Periodista: En 1955, tras su derrocamiento, se le abrió a Perón, entre otras causas, una por sus presuntas relaciones con Nelly Rivas, de 14 años.

Vicente Muleiro: Lo primero que se había formado era una comisión para investigarlo por delitos de corrupción, pero no encontraron huecos para judicializarlo y lograr la captura internacional. Entonces, lo único que les quedaba era la historia de Nelly Rivas, una de las chicas de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) que iban a la Quinta de Olivos. Allí se produjo el encuentro del General con “Nelita”, asunto complejo que se presta a muchas miradas. Decidí hacer una novela, y no una investigación periodística, para dar libertad al imaginario y que el lector alcance una opinión propia sobre un caso que se prestó a la difamación sobre la base de un conjunto de hechos absolutamente incomprobables. No hubo pruebas, ni arrepentidos, ni denuncias concretas de las pregonadas orgías que, según se decía, realizaban en terrenos presidenciales Perón y algunos ministros o camaradas de armas con chicas adolescentes de la UES. Leyenda negra de gran circulación en los sectores medios, que comenzó a ser difundida desde los púlpitos en las misas del domingo, cuando Perón había entrado en un enfrentamiento sin retorno con la Iglesia. Se aconsejaba a los padres que no permitieran a sus hijas ir a la UES por las inmoralidades que allí ocurrían, y se satanizaba a Perón pintándolo como un fauno senil incontrolable.

P.: ¿Nelly Rivas finalmente confesó que fue amante de El General?

V.M.: Nunca durante la causa, jamás. Ese era el gran objetivo del juez de instrucción y de un tribunal que se hizo ad hoc. Se buscaba que Rivas dijera que había sido violada o tenido sexo sin su consentimiento. No lo consiguieron. El radical intransigente Juan Ovidio Zavala, que había estado preso por el peronismo, se condolió de la masacre a la que estaban sometiendo a esa chica, y se ofreció como abogado ad honorem. Cuarenta años después se volvió a juntar con ella para escribir el libro “Amor y violencia” donde ella confesó su amor a Perón. Esa es la verdad historiográfica, la mía es una novela. Para mí el realismo es un subgénero literario, nunca una representación fidedigna de la realidad.

P.: A Perón siempre le gustaron las mujeres jóvenes.

V.M.: A Aurelia Tizón, su novia de la adolescencia, le llevaba 13 años. Cuando enviudó se relacionó con una chica a la que le decían La Piraña, de 17 años, a quien desplazó Eva, a la que le llevaba 24, y a Isabelita 36. La característica constante es que se fijaba en mujeres jóvenes. Perón era muy jugado moralmente. Después del golpe del 43, del que fue uno de los protagonistas, apareció en el Luna Park con una chica a la que presentaba como su sobrina y todos sabían que estaba viviendo con él. Perón tenía una formación muy diferente de la moral media y a la de sus camaradas. No era el hijo de una familia burguesa criado en esos valores. Era un chico solitario de la Patagonia, bastardo. Sus padres lo tuvieron y se casaron después. En eso se desmarca del qué dirán de la moral media. A la vez era un militar intelectual que teorizaba, escribía y publicaba mucho antes de tener una dimensión política.

P.: ¿Por qué en su novela cruzó la historia de Nelly Rivas con la del loro fusilado por peronista?

V.M.: El loro que cantaba la prohibida Marcha Peronista por los barrios es una leyenda urbana quizá basada en el hecho cierto de que, tras la Revolución Libertadora, para no ser criminalizado por mencionar a Perón se le enseñaba a cantar “la marchita” a los loros. Se cuenta que al exgobernador de Mendoza, Martínez Baca, le mataron al loro por cantarla. En mi novela eso me hizo posible el encuentro de la realidad con la ficción popular. Y, en ese sentido, debo confesar que el disparador de “La niña de sus ojos” no fue la historia de Nelly Rivas sino la anécdota del loro. El loro del mito, tras la caída de Perón, se lo llevó un cocinero de la residencia presidencial del Palacio Unzué a Lanús, de allí se escapó y terminó fusilado en la Primera de Lanús. Esa historia me la contó un periodista de “Crónica” que cubría la información de presidencia y que hoy tiene 101 años, me pareció que condensaba una épica popular, una resistencia que no tenía conducción política ni barrial. Ese fue el disparador. Y repasando la época me encontré a Nelly Rivas. Entre el loro peronista y la chica que es procesada, de la que se requiere que confiese y detalle sus actividades sexuales con Perón y, de paso, de las tan difundidas como infundadas orgías que se realizaban en la Quinta Unzué, se armó un interesante retablo de aquella época.

P.: Ahora, ¿qué está escribiendo?

V.M.: Estoy esperando el reestreno de “La conducta de los pájaros”, obra que escribí con Norman Briski, que cuenta un encuentro de Manuel Ugarte con Rosa Luxemburgo. Tengo un par de proyectos teatrales y una novela para corregir. La pandemia me ha servido para llenar la alacena casi en demasía.

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