24 de abril 2008 - 00:00

Pese a sus artificios, interesa film japonés

Muy al gusto de festivales, como el Bafici, «El secreto del bosque» tiene su cuota de artificio, pero también lindos paisajes e interesante sugestión.
Muy al gusto de festivales, como el Bafici, «El secreto del bosque» tiene su cuota de artificio, pero también lindos paisajes e interesante sugestión.
«El secreto del bosque» (Moari no mori, Japón-Francia,-2007, habl. en francés). Guión y dir.: N. Kawase; Int.: M. Ono, S. Uda, M. Watanabe, Y. Saito, K. Masuda.

Aún dolida por la muerte de su hijito, una joven entra a trabajar de asistente social en un geriátrico campestre, donde los viejos la pasan bastante bien, salvo uno, que desentona con el resto, no sólo porque el actor que lo interpreta tiene evidentemente menos edad y más pelo que el resto, sino porque se trata de un personaje díscolo, un viudo de mal carácter y mente alterada. Con él, sin embargo, la muchacha logrará entablar cierta comunicación, difícil, inestable, de chiquilines si se quiere, pero comunicación al fin.

Son muy lindos los planos generales donde ambos se persiguen jugando entre los sembrados. Pero lo revelador viene después, cuando, aprovechando un desperfecto en el coche que lo lleva, el viejo huye bosque adentro, con un bolso cuyo contenido mantiene desde siempre en la mayor reserva (y es un bosque enorme, de árboles erguidos, en los costados de la zona montañosa de Nara, allá por el soleado sur del Japón). Ella, obligada a seguirlo, se sentirá perdida. El viejo, no. Vaya uno a saber si este loco da exactamente con el lugar que busca (y pasan la noche hasta el otro día en esa búsqueda), pero ahí, en el corazón del inmenso bosque, el viejo dejará su secreto, singular testimonio de amor, y así logrará, quizás, su alegría y su calma. Testigo innecesario, pero finalmente agradecido, la chica también ha de alcanzar, es probable, el desahogo y la paz que necesita.

Lindos paisajes, buenas imágenes, sólo afectadas cada tanto por la cámara en mano, sentimientos intensos, un poquito de artificio, un relato sustancialmente breve, aunquede interesante sugestión. Autora, Naomí Kawase, artista singularmente venerada en los festivales locales, que la vienen siguiendo desde hace ya diez años largos, cuando ella misma, entonces jovencita cargosa y antipática, presentó al público su tercer film, «Suzaku» (Moe no suzaku) en la recordada sección La Mujer y el Cine del Festival de Mar del Plata, edición 1997.

P.S.

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