15 de noviembre 2000 - 00:00

Pese a todo, buen ballet en el Colón

Ballet Estable del Teatro Colón. Dir. a cargo: C. Delmagro y L. Regueiro. Programa: «El mar» (Debussy-Aráiz); «Eccos» (Barber-Wainrot); «Anne Frank» (Bartok-Wainrot) y «Don Quijote» (Minkus-Gorsky-Prebil). Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: G. Brizzio. (Teatro Colón.)

Sin un director responsable (está a cargo de Cristina Delmagro y Leandro Regueiro) y después de varios días sin actividad, consecuencia del conflicto gremial que cerró las puertas del Colón, el Ballet Estable hizo un buen papel con obras neoclásicas, de danza-teatro y un final clásico-académico.
De Mauricio Wainrot se obtuvo lo mejor de este programa con el estreno de «Eccos», un bello dúo de refinado y suntuoso lenguaje académico aggiornado que bailaron apasionadamente y exhibiendo óptimas capacidades técnicas Silvina Perillo y Alejandro Parente.
Del mismo coreógrafo se vio la reposición de
«Anne Frank», una pieza de hondo patetismo que, basada en el célebre diario de la niña judía, se convierte en un poético testimonio de las víctimas del genocidio, sobre la combinación de la música para cuerdas, percusión y celeste de Béla Bartok y la canción «Lili Marlene». De gran impacto emotivo, este trabajo de Wainrot es de lo mejor de su valiosa producción.
Karina Olmedo como «Anne» y un calificado grupo de solistas entregó a la obra actuaciones poéticas y expresivas. Magnífica la atmósfera creada por la escenografía y el vestuario de Carlos Gallardo y las luces de Jorge Pérez.
También se bailó una coreografía de
Oscar Aráiz, «El mar» sobre partitura de Debussy y con vestuario de Renata Schussheim. Eminentemente musical, este ballet interpreta la sonoridad pletórica de timbres y trasparencias del músico francés con un diseño dancístico sugerente.
Menos rigor tuvo el acto III de «Don Quijote», donde se notó la ausencia de un director de fuste, aunque la pareja Perillo-Parente brilló en el famosísimo Grand pas de deux.

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