Como en obras anteriores, Daniel Veronese sigue indagando
en las relaciones humanas a través de un asfixiante vínculo
madre-hija; su lenguaje es audaz y requiere una escucha
atenta.
«En auto». Libro y Dir.: D. Veronese. Int.: L. Manso, M. Figueras, C. Quinteros y C. Bermejo. Esc.: N. Laino. Vest.: M. Gómez. (Cervantes. Sala «Orestes Caviglia».)
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En la ruinosa antesala de un set de filmación, unos pocos actores esperan turno para una prueba. Entre ellos está Virginia, una actriz madura y algo desequilibrada, que ha venido para acompañar a su hija Anna, si bien ésta la acusa de haberla forzado a venir.
El otro postulante es Len, un artista de riesgo que tiempo atrás estuvo ligado sentimentalmente a las dos mujeres, hasta que un día, a raíz de un accidente automovílistico que dejó herida a una de ellas, desapareció sin dejar rastros. El reencuentro con este hombre opaco e inseguro provoca una intensa conmoción en Anna y Virginia. Sin embargo, la feroz rivalidad que hay entre madre e hija no deriva de este supuesto triángulo amoroso sino de la enfermiza simbiosis que ambas sostienen para no colapsar.
La madre se atribuye como propias todas las experiencias vividas por su hija y ésta se ocupa de repetir diálogos y comentarios ya enunciados por su progenitora. Entre las dos han construído una relación especular que distorsiona la realidad y bloquea todo intento de revisar el pasado. «En auto» es una pieza de difícil acceso, un fascinante laberinto en el que todos mienten, aún cuando dicen la verdad. Dado que la memoria se defiende del dolor a través de complejos mecanismos, sólo cabe apiadarse de estos seres perturbados, que además son dobles de actores, un dato que multiplica y amplía las posibles lecturas de la obra.
Cuesta no perderse en la asfixiante tela de araña que urde su protagonista, la verborrágica Virginia (un papel de enorme lucimiento para Leonor Manso). Esta mujer patética y demandante aturde a todo el mundo, pero también arranca carcajadas entre el público, sobre todo cuando discute con el antipático asistente del casting (Carlos Bermejo). Este oportuno toque de comedia equilibra la tensión generada por los maniáticos diálogos entre Virginia y Len (Claudio Quinteros) y las furibundas apariciones de Anna (notable labor de María Figueras en la piel de una criatura devastada y a punto de perder su identidad). Daniel Veronese (también autor de «Mujeres soñaron caballos» y «Un hombre que se ahoga» entre otros destacados trabajos) sigue indagando en las relaciones humanas y en los límites de la ficción mediante recursos muy austeros que potencializan la teatralidad de su puesta. Su lenguaje es audaz y requiere de una escucha muy atenta por parte del espectador.
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