«Porteñas» de M. González Gil y D. Botti. Dir.: M. González Gil. Esc.: P. Di Pasquo. Vest.: P. Uría. Mús.: M. Bianchedi. Int.: B. Blum, V. Lago, C. Peleritti, S. Pecoraro, M. Valenzuela, N. Ardanaz y J. Torres Garavat (La Plaza. Sala Pablo Neruda).
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Las protagonistas de «Porteñas» de González Gil y Botti representan diferentes modelos de mujeres, que encaran sus vidas apoyándose en fórmulas convencionales. La «pituca», la mujer del general, la anarquista, la mujer de pueblo y la feminista, a través de varias décadas, van evolucionando conforme a un diseño que les permite a cada una ser portavoz de una idea.
Casi al modo de un catálogo, ya que no se profundizó en los caracteres ni se penetró en la intimidad de ninguna de ellas. Sólo sabemos lo que nos cuentan. Lo que permite a los autores construir una especie de manual por el que desfilan distintos personajes de la historia argentina, Evita, Lisandro de la Torre, Victoria Ocampo son algunos de los que encienden el entusiasmo a esas mujeres que se reúnen a tomar el té para alabar o denostar a sus maridos.
La feminista menciona a Simone de Beauvoir y trata de convencerlas con su prédica, mientras la mujer de pueblo, siempre embarazada, se somete dócilmente a la férula de su marido, y la socialista combate por las ideas de su compañero. Los cambios de hábitos se ven reflejados en sus comentarios, lo mismo que los acontecimientos, algunos de los cuales penetran en su salón, filtrándose por los ventanales.
El desarrollo de la pieza, un tanto confuso, se aclara recién al final, cuando las cinco mujeres, balanceándose en las hamacas de su jardín, vestidas de blanco, explican que mágicamente han superado el paso del tiempo para transformarse en testigos de la «lucha hacia la libertad». Hay algunos roces, prontamente subsanados por la dueña de casa. Finalmente, de común acuerdo, marchan todas con sus pañuelos blancos a unirse a las madres de Plaza de Mayo.
Como si se tratara de las antiguas piezas «por encargo», cada una de las actrices tiene un monólogo destinado a arrancar el aplauso, cosa que consiguen a fuerza de oficio. Betiana Blum divierte con sus salidas, Virginia Lago anima con patetismo a la mujer del general, Susú Pecoraro defiende con sinceridad las ideas de la feminista, María Valenzuela pone pasión en la defensa de sus ideales y Carolina Peleritti encarna con naturalidad a la mujer permanentemente embarazada.
Es interesante la resolución del espacio debida a Carlos Di Pasqua y convencional la dirección de Manuel González Gil.
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