16 de diciembre 2003 - 00:00

Premian al arquitecto Piano

Dos paradigmas de la cultura de los porteños son el Teatro Colón y el Museo Nacional de Bellas Artes. La trayectoria del Colón es conocida y valorada por todos, pero en los últimos años fue reforzada por la figura de Sergio Renán. La otra institución, el Museo, que este 25 de diciembre cumple 107 años de su apertura al público (dirigido por Eduardo Schiaffino), es el paradigma de los museos de artes de América Latina. No es casualidad que todos los grandes arquitectos quieran tener en su haber un museo de arte o una sala de conciertos.

No es por casualidad que nueve reconocidos jurados argentinos hayan otorgado al arquitecto Renzo Piano, autor del Parque de la Música en Roma, el Premio Vitruvio Internacional, que se organiza anualmente desde hace más de una década.

La palabra «museo», viene del griego Mouseion, y a través del latín museum. Quiere decir «Templo de las Musas». Presididas por Apolo, el dios de la belleza, la claridad, las artes y la adivinación, las nueve Musas habitaban en el Monte Parnaso. Aunque no estaba allí el Mouseion, sino en la ciudad de Atenas. En el sentido que nos interesa, el término será utilizado para designar una especie de centro cultural levantado en la ciudad de Alejandría, en el siglo III antes de Cristo, por Tolomeo II, uno de los reyes helenísticos de Egipto.

Esa suerte de Universidad constaba de una biblioteca (la famosa Biblioteca de Alejandría, con sus 800.000 manuscritos y sus numerosas obras de arte, destruida en el siglo VII después de Cristo), un observatorio, salas de estudio, un anfiteatro, un jardín botánico y otro zoológico, y algunos laboratorios. En suma, un templo, pero del saber y el crear, donde las musas eran de carne y hueso: filósofos y escritores.

En la Acrópolis de Atenas, antigua fortaleza convertida en santuario bajo el gobierno de Pericles (siglo V a. C.), donde se alzaba, entre otros templos, el Partenón -cuyas ruinas subsisten-, había un edificio dedicado a albergar una importante colección de pinturas de temas históricos y mitológicos, además de estandartes y trofeos: era la Pinacoteca (en griego: depósito de cuadros pintados).

En cuanto a la palabra «tesoro», designaba las abundantes colecciones de exvotos (ofrendas a los dioses) contenidas en templos y edificios especiales en la Grecia antigua. Los tesoros consistían en objetos de oro, plata y otros metales, así como pinturas y esculturas de grandes artistas. Las colecciones, minuciosamente inventariadas, podían ser visitadas.

En Olimpia, la ciudad consagrada a Zeus, dios supremo de los griegos, donde se realizaban los Juegos Olímpicos de la Antigüedad (desde 776 a.C. hasta 394 d. C.), había doce tesoros. Con la pinacoteca y el tesoro se genera la base del futuro museo: esa base es el coleccionismo, un hábito anterior a la reunión de pinturas habilitada en la Acrópolis de Atenas, y a la de objetos y obras guardadas en templos y edificios votivos (destinados a recibir ofrendas) de Grecia.

Esto significa que hubo museos mucho antes de que los llamáramos así. Suele mencionarse, como el más remoto, el de Susa, ciudad del reino de Elam (en el Sudoeste de lo que hoy es Irán), inaugurado en 1176 a. C. y donde se expuso el botín de guerra tomado a los babilonios.

Pero no debemos ir tan atrás y sí más adelante. El coleccionismo de los griegos fue heredado por los romanos, con la diferencia de que entre ellos deja de ser público para convertirse, salvo excepciones, en privado.

En la Edad Media -fines del siglo V a fines del siglo XV d. C.-, los objetos de arte se concentran en las iglesias y los monasterios pero también en los castillos, aunque el auge de las ciudades, a partir del siglo XIII, llevará a los comerciantes ricos a señalar su creciente poderío social por medio de la reunión de obras y objetos preciados. Comerciantes exitosos, banqueros y políticos son los Medici, de Florencia. Uno de ellos, Cosme el Viejo (1389-1464), quien gobierna allí desde 1429 hasta su muerte, es el primero en la historia de Occidente en dar el nombre de «museo» -a comienzos de la segunda mitad del siglo XV-a su colección de manuscritos, curiosidades, obras y objetos de arte. La pinacoteca y el tesoro quedan así fusionados en el Museo de Cosme de Medici.

Dejá tu comentario

Te puede interesar