Presentarán en Brasil una muestra argentina premiada

Espectáculos

Al cumplirse treinta años de haber sido distinguida en la XIV Bienal de San Pablo, con el Gran Premio Itamaraty, el Grupo CAYC ha sido invitado por Fabio Magalhaes para volver a presentar la muestra que obtuvo el máximo galardón del evento brasileño otorgado por primera vez, en 28 años de Bienal, a un país latinoamericano.

«El Centro de Arte y Comunicación de Buenos Aires --CAYC-, surgido en 1968, ha sabido desempeñar el papel de foro de las tendencias más diversificadas de la creación artística y cultural, en un continente que se percibe como puente tendido entre el polo de los Estados Unidos y los centros activos de Europa. Sus actividades fueron más que una historia del arte. El término historia pierde mucha de su nitidez disciplinaria, cuando se habla de lo contemporáneo. ¿Acaso hay una historia para sus actores, o más bien, un movimiento de ideas, un juego de valores, pautado por esos acontecimientos que son las obras?», evaluaba ya en los años '80, el intelectual francés Abraham Moles, doctor en física y teórico de la cultura. Autor de numerosos ensayos, fue profesor en la Universidad de París y en la de Estrasburgo.

  • Historia

    Cuando el 18 de agosto de 1969 presentó en la histórica galería Bonino la exposición «Arte y Cibernética», el Centro de Arte y Comunicación llevaba ya un año de existencia y usaba diferentes espacios de arte en la ciudad. Dos años más tarde inauguraba su espacio propio, que fue visitado por Jerzy Grotowski cuando vino a Buenos Aires en 1971.

    Oriundo de Rzeszow (Polonia) y licenciado en la Escuela Superior de Teatro de Cracovia, había iniciado su renovación estética en 1959, al fundar el Teatro de las Trece Sillas en la ciudad de Opole. Allí desarrolló los fundamentos y premisas de lo que denominó teatro pobre. Su influencia se extendió por el mundo entero. Hacia 1965 instaló su teatro laboratorio en Vroclavia y seis años después lo presentó en Varsovia, tras exitosas giras por Europa y Estados Unidos. En un texto de 1965, Grotowski señalaba que, para delimitar el hecho teatral, él y sus colaboradores fueron eliminando del espectáculo todo lo que tuviera características peculiares: maquillaje, efectos de luz, decorados, fondo musical, en una palabra, la escena misma. Sus postulados iban más allá del teatro y se sumaban a las doctrinas estéticas de vanguardia de las décadas de 1960 y 1970, que miraban en el arte un medio de conocimiento y participación, un espejo de las condiciones del ámbito social donde viven.

    Durante aquella visita, una extensa charla de Grotowski, el 12 de noviembre de 1971, fue el a 25 artistas a formar un equipo de trabajo a la manera del laboratorio de Grotowski y, al poco tiempo, quedaron nueve: Jacques Bedel, Luis Benedit, Jorge González Mir, Víctor Grippo, Leopoldo Maler, Vicente Marotta, Alfredo Portillos, Clorindo Testa y el autor de esta nota, como teórico. El Grupo desarrolló un intenso examen de su problemática interna con el famoso psiquiatra inglés David Cooper, con quien trabajaron semanalmente durante dos años y rastrearon las relaciones entre el arte y los sistemas culturales, entre arte y público.

    La primera exhibición públicadel Grupo tuvo lugar a mediados de 1972, en la muestra «Hacia un Perfil del Arte Latinoamericano», en la Bienal de Medellín, Colombia.

    Durante las tres décadas transcurridas desde su constitución, expusieron sus obras en Nueva York, París, Londres, Berlín, Varsovia, Madrid, Copenhague, y obtuvo dos lauros: el Primer Premio en Slovenj Gradec, (entonces, Yugoslavia), en la muestra realizada en 1975, en conmemoración del 30 aniversario de las Naciones Unidas, cuyo tema era «Paz 75». El jurado, que integraron Jan Kriz (Checoslovaquia) Jean-Jacques Léveque (Francia), Ryszard Stanislawski ( Polonia), Florent Bex (Bélgica), y Alexander Bassin y Jelisava Copic (Yugoslavia), declaró que los autores de «Hacia un Perfil de Arte Latinoamericano» fueron premiados por su «total, lúcida y armoniosa forma de encarar los problemas culturales subyacentes en países que buscan nuevos senderos artísticos en medio de sus procesos de cambios».

    La segunda distinción, en 1977, el mencionado Gran Premio Itamaraty, les fue conferido por la obra colectiva « Signos en Ecosistemas Artificiales», que se volverá a presentar en la Bienal de San Pablo del 2007. «Las ciudades del Plata» de Jacques Bedel plantean su interés por los mitos y las leyendas. El nombre Argentina deriva de Argentum (plata) y se refiere a lo que los conquistadores españoles del siglo XVI buscaron empeñosamente. « Laberinto para ratones blancos», obra de Luis Benedit, pertenece a su serie de exploraciones sobre el comportamiento animal. En sus experiencias zoológicas, el marco de referencia ( laberintos o habitáculos animales) permite examinar el comportamiento de determinadas comunidades, pero más allá de la observación y la descripción, como artista descubre siempre las cuestiones colaterales ( serendepity como lo llaman los científicos).

    En «Veinticinco jaulas», González Mir coloca la silueta de un pájaro recortada en madera y pintada de negro, cuyos ojos son espejos circulares: una estilización que contrasta con los habitáculos colgados del techo a distinta altura. La obra de Víctor Grippo articula símbolos: los alimentos y los oficios del hombre, la energía, los desequilibrios y las consecuentes transformaciones. Así «Analogía I», la primera «papa-batería» de Grippo de 1970, puede considerarse como una gran metáfora de la conciencia humana. Más de cien papas ubicadas en una larga mesa, unidas por electrodos de cobre y zinc que permiten medir la energía de los tubérculos por medio de un voltímetro. La generación de electricidad por las papas y la de autoconciencia por el ser humano, actuaban como ampliaciones de la función de los tubérculos y de la mente humana.

    Leopoldo Maler había presentado «La Èltima Cena», en la que redefine el contenido clásico de esa obra y sugiere la metáfora del cambio constante. Una larga mesa con mantel blanco y trece sillas vacías rodeadas con rollos de alambre de púa, plantean una metáfora de la distancia emocional que los hombres contemporáneos mantienen con la simbología de la Ultima Cena. En «Más y mejores alimentos para el mundo», de 1977, Vicente Marotta remite al hambre y la desnutrición, recuerda que la Argentina es un reservorio de proteínas y plantea una reforma internacional de la distribución alimentaria. «El Altar Latinoamericano», de Alfredo Portillos», crea un espacio ecuménico y reúne las religiones de mayor trascendencia que se profesan en el continente: cristiana, judía y candomblé. Utilizó caballetes y tablones de madera para formar el altar y, cañas de tacuara y fragmentos de liencillo para albergarlo. Un sacerdote, un rabino, un pastor y una mae de santo oficiaron ante los espectadores.

    Con «La peste en la ciudad», Testa plantea la reiteración de lo medieval en la destrucción de la cultura y del homo habitans de nuestro mundo contemporáneo. Revive una larga tradición literaria y real acerca de las pestes suscitadas por los roedores, desde el flautista de Hamelin, que logra salvar a su pueblo ahogando a las ratas gracias a su talento musical, hasta las actuales campañas contra las varias formas de polución. Es que la imaginería popular y la creación artística tomaron este tema como paradigmade la incierta situación del hombre frente a su propia supervivencia. La tematización bíblica de las siete plagas de Egipto, y los estragos causados por los roedores en todas las épocas, están representados en la obra de Testa con el marco referencial de las grandes metrópolis.

    Estas obras se expondrán este año como un homenaje a la creatividad del grupo. El intelectual paulista Favio Magalhaes estudió en el Instituto de Arte y Arqueología de París (1965), fue Director de la Pinacoteca del Estado de San Pablo (1979-1982); Asesor de la Secretaría de Cultura del Estado de San Pablo, Curador del Museo de Arte de San Pablo (1989-1994) y Director de la Fundación Memorial de América Latina.
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