8 de marzo 2002 - 00:00
"Que me critiquen los ortodoxos me tiene sin cuidado"
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Liliana Felipe
Periodista: Usted ha hecho pública su condición sexual y hasta ha mostrado en
televisión su «casamiento» con Jesusa Rodríguez. ¿Por qué tomó esa decisión?
Liliana Felipe: Mi vida siempre ha sido pública. Y siempre preferí mostrarme tal como soy. En cuanto a televisar el casamiento con Jesusa -por otra parte, nos divorciamos en el mismo momento; de modo que ya tenemos todo hecho- fue a raíz de que en México fue muy fuerte que la primera dama de ese momento obtuviera del Papa la anulación de su matrimonio. Fue una respuesta hacia eso que, además, fue muy bien recibido por la gente.
P.: Sus espectáculos suelen tener un fuerte componente dramático que escapan al recital convencional...
L.F.: En realidad, aunque me toque jugar algún papel, yo siempre actúo de mí; no sé hacer otra cosa. No soy actriz. Lo mío es la música y es con el piano como mejor sé expresarme. Honestamente, cada vez me interesa menos la parafernalia. Sé que en otros tiempos fui exagerada en el escenario pero ahora me preocupo más por el sentimiento que por el adorno.
L.F.: Me pasó algo muy fuerte, porque noté que aquí la gente entiende cosas que yo había olvidado que quería decir. Evidentemente, hay un tema de códigos comunes que yo conservo a pesar de que hace tanto tiempo que vivo en México.
P.: ¿Por qué estuvo tanto tiempo sin volver a la Argentina para cantar?
L.F.: Porque no me daban bolilla. Ahora, debo reconocer, me sentí muy bien atendida por la Secretaría de Cultura de la Ciudad que me invitó para el festival de tango sin ser yo una artista ortodoxa en ese género.
P.: Ahora va a actuar en el teatro Alvear junto con Cristina Banegas. ¿Cómo se siente frente al desafío?
L.F.: Me da mucho miedo. Del tango, lo único que yo tengo para mostrar es el 2 por 4. Por lo demás, no sé si los temas que yo trato en mis tangos responden al melodrama clásico, o si son lo suficientemente fuertes o nocturnos. En todo caso, creo que lo mío tiene más que ver con el tango antigüito. Por otro lado, voy a estar en Córdoba el domingo aunque con un espectáculo más variado en cuanto a géneros.
P.: ¿Cómo reciben los tangueros lo que usted hace?
L.F.: De aquí no puedo hablar porque no lo sé. En México, el grupo de tangueros más ortodoxos me considera una intrusa. Pero me tiene sin cuidado; yo siempre hago lo que me ocurre hacer sin importarme demasiado lo que dicen los demás.
L.F.: En rigor, con lo único que no concedo es con la posibilidad de que no haya un piano para actuar; un teclado nunca es lo mismo. Quizá tenga que ver también con que no me gustan los reportajes ni todas las rutinas de la que parece que no se puede salir. Me manejo de manera independiente con la producción de mis conciertos y con mis discos. Soy autosuficiente en ese sentido. He hecho un trabajo de hormiga a lo largo de los años que ahora está dando sus frutos: se han juntado varios discos y en México se venden bien. A lo mejor, esa fama de la que me habla tenga que ver con esas cosas.
P.: ¿Y cómo llegó a la música?
L.F.: No sé por qué, pero desde chiquita quise aprender a tocar el piano. Estudié en Córdoba y finalmente, gracias a una buena maestra que tuve allá, pude venir a Buenos Aires para estudiar con Antonio De Raco. Y tiempo después se me dio también por componer.
P.: ¿Cómo es su rutina de trabajo en México?
L.F.: Los fines de semana actúo en el boliche nuestro en algún espectáculo. Los jueves suelo hacer mis shows donde voy probando las canciones nuevas. También me presento, sola o con Jesusa, en provincias o en festivales. Compongo permanentemente; si no estoy muy en vena compositiva aprovecho para estudiar.
P.: ¿Ahora que retomó el contacto con la Argentina le gustaría venir más seguido?
L.F.: Sí, pero sobre todo para estudiar. Quiero aprender más sobre tango y eso sólo puedo hacerlo acá.




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