Murió “Cacho” Fontana, pionero de la radio y TV

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Conductor de “Odol pregunta” y del “Fontana show”, su voz y estilo dejaron marca y escuela.

Del domingo a la noche hasta ayer de mañana, poco más de un día hubo entre la muerte de Liliana Caldini y la de Jorge “Cacho” Fontana. Pese a que un primer momento se pensó que lo triste de esta noticia podría haber acelerado su fin, ayer una de las hijas del matrimonio, Antonella, confirmó que no llegó a enterarse. Pese a estar separados, seguían manteniendo la amistad, y se fueron prácticamente juntos. Para las hijas, saberse de pronto tan rápida y totalmente huérfanas debe ser un dolor muy fuerte. Ya son grandes, se dirá. Nadie es tan grande cuando se van los padres y empiezan a tallar el vacío y los recuerdos. También los colegas, los radioescuchas de por lo menos tres generaciones, y los televidentes de dos, estuvieron recordando ayer la voz, el porte y los consejos de Norberto Palese, alias Cacho Fontana, el locutor de voz firme, clara y terminante, que impuso frases que todavía registra el habla popular, como el clásico “¡Con seguridad!” que rubricaba las respuestas correctas de los concursantes del programa “Odol Pregunta” (un programa donde había que saber de veras, y no andar adivinando como ahora).

Solía explicar Fernando Bravo: “Fontana y Antonio Carrizo les enseñaron a los locutores un valor agregado de la profesión: el de ser animadores, maestros de ceremonia, y tener letra propia, el don de la improvisación, en eso fueron revolucionarios para la historia de los medios”. Le faltó acaso agregar el don de la autoridad, la seriedad y la sed de conocimientos

Fontana fue bastante autodidacta. Hijo de familia humilde (padre capataz, madre costurera, niñez en una callecita de Barracas), a los 15 años dejó la secundaria para trabajar en una oficina de Ferrocarriles. Quiso la suerte que un amigo lo empujara a hacer de presentador de orquestas en un salón de baile. De allí a pasar avisos en Radio del Pueblo, con solo 17 años, hubo un solo paso. Pronto fue locutor suplente, relator de radioteatros, presentador de programas y, al fin, locutor comercial estable de Radio El Mundo. En una extensa y admirable carrera, creció junto a Luis Sandrini, Miguel Coronato Paz, José María Muñoz y otras figuras de peso, hasta tener su propio programa, el “Fontana Show”, notable innovación periodística con móviles, contactos con el exterior, insertos de humor y artistas invitados, que duró 16 temporadas, hasta que la garganta le empezó a pedir calma. Cuando se incorporó a la televisión fue con un esquema similar, el “Video Show”, que fue otro suceso.“La Oral Deportiva”, “Odol Pregunta”, “Sexta edición”, son algunos de los espacios de su mejor época, una época en que, además, llegó a tener tres grandes amores: la locutora Dora Palma, con quien tuvo una hija, la cantante de tangos Beba Bidart, algo mayor que él, y la modelo Liliana Caldini, 20 años menor, con quien tuvo gemelas tan lindas como la madre.

En 1982 se le ocurrió armar con Pinky la primera maratón televisiva argentina, “Las 24 horas por Malvinas”. No tuvo mala intención, y ese día fue emocionante para todo el país, pero poco después el malhumor de la derrota y las denuncias por el robo de donaciones enturbiaron el suceso y propiciaron la pérdida de popularidad del locutor. Más adelante, la denuncia de una modelo por supuestos malos tratos e incitación a la droga (denuncia de la que salió absuelto) y la suspicacia pública sobre su relación con la mujer de un amigo (Alberto Olmedo, en circunstancias enojosas) echaron más tierra a su prestigio. Aun así, tuvo quienes lo respetaron y le tendieron una mano. De esa última etapa son varios programas en radios del interior, hasta llegar a “Un Cacho de Nacional”, por Radio Nacional. Para entonces ya tenía 87 años cumplidos, un infarto y una pulmonía. El covid a los 88 tampoco lo ayudó demasiado. Más vale recordar su voz y su figura, que alcanza a lucirse especialmente en el film “Pobre mariposa”, donde fue actor de reparto junto a Graciela Borges.

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