3 de abril 2006 - 00:00
Reabre galería con tres grandes muestras
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Ernesto
Ballesteros
y algunos
ayudantes
en la difícil
tarea de
dibujar y a
la vez
contabilizar
el trabajo
realizado.
Casi oculta a la vista del público, la obra que Fabio Kacero presenta en una pequeña salita que la galería utiliza como comedor, se puede ver -aunque de modo azarosocomo una reflexión del arte sobre el arte y sobre las razones o sinrazones que inspiran la creación. Se trata de un ejercicio de apropiación titulado: «Fabio Kacero, autor de Jorge Luis Borges, autor del Pierre Menard, autor del Quijote». La obra es un manuscrito de Kacero, una copia a simple vista minuciosa del cuento «Pierre Menard, autor del Quijote», de Borges.
Kacero respeta la letra menuda («de insecto»), los rasgos de los manuscritos de puños y letra de Borges, el carácter y estilo de las correcciones y enmiendas, el ritmo de la escritura. Pero con sutiles alteraciones, como la dedicatoria, en vez de Silvina O. (Ocampo, obviamente), figura Silvina R. (una amiga, de su edad), y crea una obra diferente, de su autoría.
Borges relata que la crítica de la década del 30 (a quien deja mal parada), calumnia la memoria del escritor francés Pierre Menard, al decir que dedicó su vida a escribir un Quijote contemporáneo. «No se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran -palabra por palabra y línea por líneacon las de Miguel de Cervantes». Y finalmente, considera: «El texto de Cervantes y el de Menard son verbalmente idénticos, pero el segundo es infinitamente más rico».
Vale la pena releer a Borges, cuando plantea que el Quijote queda con la gloria sentenciado a «obscenas ediciones de lujo» y, sobre todo, cuando relativiza la importancia de la autoría. Es decir, cuando el ignoto Menard se alejan de las contingencias del siglo XVII, del tiempo de la novelas de caballería, el lector (en este caso el término se puede extender al espectador) asume un papel protagónico. El texto se abre a otras interpretaciones. Es la «obra abierta» Umberto Eco (antes de Eco). Con este nuevo salto de Kacero en el tiempo, sus molinos de viento, como los de Menard, cobran otro sentido y ganan ambigüedad. Pero hoy se agrega el sabor de la nostalgia, desparecieron los Quijotes del mundo.
La gracia de la obra consisteen que Kacero presenta al artistas como el último soñador, sigue los pasos de Menard -que Borges avala-, y le otorga al cuento un formato visual. Prosigue con la lección de Duchamp, presenta su apropiación en un pedestal de la galería de arte con su firma. Para decirlo con las palabras de Borges: «Menard (acaso sin quererlo) ha enriquecido mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacronismo deliberado de las atribuciones erróneas».



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