Arraigado en las culturas precolombinas, el arte abstracto tiene una larga tradición en el Río de la Plata. Sus antecedentes en la modernidad se remontan a la década del '20, a las expresiones futuristas y cubistas de Emilio Pettoruti que anticipan la abstracción, al igual que la escultura «Crepúsculo» de Antonio Sibellino. En 1933, Juan Del Prete pinta un cuadro plenamente abstracto y, en 1944, la revista «Arturo» sienta las bases teóricas de los movimientos Arte Concreto Invención, fundado en 1945, y Madí, creado en 1946 por Carmelo Arden Quin, Gyula Kosice, Rhod Rotfuss y Martín Blaszco, entre otros.
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Durante más de media centuria los seguidores del movimiento Madí se han multiplicado y la semana pasada la galería Palatina presentó una excelente visión - aunque acotada, representativa-de las obras que inspiradas en el manifiesto original se realizan en el mundo. «Madí pequeño formato» reúne alrededor de los trabajos fundacionales del uruguayo Arden Quin y el alemán Blaszco, los de francés Joël Froment, el uruguayo Bolívar y los argentinos César López Osornio y Eugenio Monferran.
Las obras, que en general se destacan por su armonía y las variaciones del color, respetan los principios del arte Madí: el marco recortado, la ruptura de la ortogonalidad, los planos articulados, la incorporación de materiales no tradicionales y sobre todo, el espíritu esencialmente lúdico que las inspira.
El vernissage de Palatina convocó a muchos de los artistas que integran o están vinculados al movimiento. Lipa Burd desestimó la pugna por la paternidad del «Manifiesto Madí», que hasta hace unos años enfrentó a los seguidores y dividió las aguas en dos, ya sea que se lo atribuyeran a Kosice o a Arden Quin. «Hoy ya no tiene sentido esa discusión», aclaró Bolívar, artista de origen charrúa radicado en París. Bolívar cuenta que Madí tiene en la actualidad más de 200 seguidores en Francia y que su influencia se extiende hasta Alemania, Italia, los países del Este e, incluso, Japón.
Lo cierto es que en la Argentina son varios los artistas jóvenes que admiten su relación con esta tendencia; en primer término figura Jorge Gumier Maier, dado que más allá de la similitud de su obra con la de Arden Quin, en su papel de curador e «ideólogo» del Centro Cultural Rojas difundió en los '90 una estética cuyos postulados son afines al movimiento. Luego, Nicolás Guagnini, Fabián Burgos, Pablo Siquier, Gachi Hasper, Fabio Kacero o Mauro Machado, son también herederos tanto de los elementos formales como teóricos de Madí. En el mercado internacional, el arte Madí, como el Concreto, cobró inusitada fuerza a partir de la década del '80, cuando Arden Quin le recomendó al galerista suizo Mikros Von Bartha que viajara a Buenos Aires para comprar obras. Consejo que fue tenido en cuenta y determinó que gran parte de la producción de Kosice, Raúl Losa y Alfredo Hlito marchara a Suiza, donde a principios de los '90 se realizó una exposición que colocó la abstracción rioplatense en el candelero.
Sin embargo, los ecos de la trascendencia que tienen nuestros artistas en los grandes centros internacionales demoran en llegar a la lejana Buenos Aires.
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