17 de enero 2002 - 00:00

Renace el interés mundial por la vida de María Callas

María Callas
María Callas
(17/01/02) M ientras Franco Zefirelli termina su película sobre la última etapa en la vida de María Callas, que fue encontrada muerta en la mañana del 16 de septiembre de 1977, apareció en el mercado editorial argentino «Fuego griego, la historia de María Callas y Aristóteles Onassis» de Nicholas Gage, un grueso volumen con una indagación cuasi detectivesca que abarca aspectos de las dos personalidades griegas más famosas y atactivas de su época.
Hay que señalar del autor la magnífica labor de investigación, minuciosa en los detalles para revelar la verdadera historia y que desmiente muchas afirmaciones de otros libros signados por la subjetividad o intereses de cada relator, como la
Stassinopoulus o Meneghini.
 
Desapasionado pero objetivo, el autor aclara muchos puntos oscuros sobre la tormentosa relación entre la soprano y el multimillonario naviero, así como el análisis de conductas que, si no se conoce a fondo el complejo perfil psicológico de cada uno, pueden parecer inexplicables.

La búsqueda de testigos, el diario de navegación del famoso yate «Christina», indagar a los recuerdos el personal de la Isla Skorpios, cartas, fotografías, recorrer el mismo itinerario: Atenas, París, New York, Miami o Estambul; el péndulo se mueve entre el mundo de las finanzas, la ópera, el jet set y el fashion.

Desde Winston Churchill hasta Eva Perón, el Príncipe Rainiero de Mónaco o Giusseppe di Stefano, y por supuesto, el inesperado desenlace con la aparición en escena de Jacqueline Kennedy, la «merry widow» más famosa del mundo, con la que Onassis se casó -más por vanidad que por amorsin cortar los vínculos con la adorada soprano, que quedó descolocada para siempre.

Carrera

Callas descuidó su carrera artística en el pináculo de su fama y sus cualidades vocales y actorales para cumplir su sueño de ser «una señora de su casa», pero cuando le pedía a Onassis una «cena íntima», él invitaba a Greta Garbo, Bette Davis, Margot Fonteyn y a Elizabeth Taylor con Richard Burton; aún así, podía ser persona y desprenderse del peso agotador de ser la diva que cambió la historia de la ópera y la obligación de ser perfecta.

Como en una tragedia griega o una ópera decimonónica, estos personajes reales van muriendo trágicamente. El hijo de Onassis piloteando un avión; el multimillonario de miastenia, Tina Niarchos intoxicada; Callas por sobredosis de barbitúricos; Christina misteriosamente en un country en las afueras de Buenos Aires. Todo ese imperio lo hereda una hija (de Christina con un francés) que ni siquiera habla griego.

Una historia real, con episodios que muchos recordamos, y que supera la más fantasiosa imaginación. El autor de esta reseña vio a
María Callas una sola vez en la vida, y ya no cantaba. Fue en el Festival de cine de Mar del Plata, cuando ella vino a presentar la versión fílmica de la tragedia «Medea» que había dirigido Pier Paolo Pasolini, que al tiempo fue brutalmente asesinado. Ella tenía un aura irresistible, pero demasiado «thanatos» a su alrededor.

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