Retratos sin "pose" en buena muestra

Espectáculos

El conjunto de obras que Ariel Mlynarzewicz presenta en el Centro Cultural Recoleta merece una celebración sin retaceos. En «Tratos y Retratos» desfilan su familia, personajes conocidos de nuestro medio artístico y literario, amigos, que posaron durante varias sesiones y que confiesan sus ansiedades, temores, reacciones frente a la obra en testimonios escritos especialmente para el catálogo, entre ellos Martín Caparrós, Kive Staiff y Juan Carlos Distéfano.

Este artista nacido en 1964 ha demostrado desde su primera exposición en 1984 que el tema es crucial, que sin él la pintura no tendría sentido. Este concepto sumado a su admiración por artistas paradigmáticos que han contribuido a su formación, ya sea en el trato personal como Carlos Alonso, José Luis Cuevas o Botero, así como la frecuentación museística en la que descubre a los venecianos Veronese, Tintoretto y los franceses David, Poussin e Ingres.

Lograr el «parecido» no es el propósito principal de estos retratos cuyas imágenes no están congeladas, no quedan reducidas al ámbito de un cuadro, no nos excluyen de su mirada. Precisamente, la del contemplador queda atrapada por un cierto furor de la pincelada, por el despliegue colorístico, por el rico y vibrante empaste que combina la forma y el movimiento. Ninguno «posa».

Están captados ciertos rasgos vitales, la ternura presente en los retratos de familia (
«Domingo 6.30 A.M.») y los de pequeño tamaño como «El almohadón». Es extraordinario el retrato de su maestro, Carlos Alonso, casi cruel, una crueldad no exenta de amor y que nos remite a los que éste hiciera sobre Spilimbergo. Mlynarzewicz ha captado la ironía, la distancia, la bonhomía, la gravedad del gesto de algunos de los retratados en un intento por describir lo indescriptible, por plasmar y hacer visible la supuesta verdad acerca de cada uno de ellos. Este nuevo encuentro con su pintura es revelador de la intensidad con la que este artista encara su universo el que a su vez exige la intensidad de la mirada del contemplado. (Clausura el 3 de Marzo).

Naftal

El ritual cotidiano de sentarse a una mesa para compartir una suculenta comida o un magro plato de sopa -según la condición social de los comensalesse ha ido transformando en nuestra sociedad contemporánea en un ejercicio de incomunicación. La televisión pasó a convertirse en la deidad que presidía este ritual y los comensales dejaron de mirarse, hablarse, para sólo repetir mecánicamente el acto masticatorio, sucumbir, hipnotizados, ante su magnetismo y sumergirse en territorios ajenos.

Ariela Naftal
(1966), egresada del Instituto Municipal de Cerámica, discípula de Miña Stempelsztejn, Nora Correas y Osvaldo Decastelli a quienes considera fundamentales en su formación, exorciza sentimientos de impotencia contenida durante su adolescencia. Ella quería contar sus experiencias, preguntar, dialogar pero sólo contaba con el silencio -no precisamente del televisor-por toda respuesta.

Es así que los platos de cerámica sobre pedestales nos van dando indicios de sus rabias corporizándolos en una comida no apta para paladares complacientes: espinas oxidadas que emergen de una superficie raspada, un cuchillo clavado, una cuchara que ultraja la superficie, alambres que la surcan, dientes amontonados o supuestas verduras que pugnan por salir de su interior. Hasta que llegamos a la mesa, foco del conflicto, cuyo centro está ornado por la concavidad de la pantalla en la que se suceden las grotescas imágenes y el ruido. Un plato muy blanco con las huellas de las lágrimas es el testimonio final y quizás el fin de su angustia.
«Huellas del Desencuentro» (Clausura el 16 de Marzo en Elsi del Río, Espacio de Arte. Arévalo 1748).

Continuando con la difusión de obras de artistas jóvenes, la Galería Archimboldo presenta en la sala 10 del Centro Cultural Recoleta la exposición
«Desequilibrio» de Marina Sábato. Las pinturas, de fondos generalmente sombríos en cuyos bordes asoman cabezas de animales, rostros esquemáticos casi de historieta, pintura plana, una estética no encasillable, una suerte de hibridación en la que Sábato no propone narración alguna. Lo que sí llama la atención es la serie de 12 dibujos, pluma, a la que hay que mirar muy de cerca y recorrer el trazo seguro de una imagen que aparece más definida asociada con lo barroco.

Combina con gran destreza fragmentos de animales con figuras humanas, un erotismo no explícito, una extraña conjunción reveladora de un mundo personal, fantástico, de encantamiento. Nacida en París en 1969, se formó en los talleres del Museo Larreta y más tarde con los maestros
Luis F. Noé y Carlos Bissolino. Participó, entre otras muestras, en «Autorretratos» (Centro Cultural Borges, 2001) y fue seleccionada por la Fundación Klemm para la apertura de su Espacio Joven (2001). (Hasta el 17 de marzo.)

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