23 de abril 2001 - 00:00
Reynaldo Arenas ya habla en su español
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Julian Schnabel.
P.: ¿Temió que el público norteamericano no la recibiera del todo bien?
J.S.: Por un lado sí, por el otro, yo soy norteamericano y no desconozco que América no es sólo Norteamérica, sino también Latinoamérica. En España se vio mi versión inglesa y ahora se verá la española, como en México y en los países de habla hispana. Pero su segundo lanzamiento responde a que la película se extienda a otros hablantes. Hay muchos realizadores que venden los derechos de sus películas y después no se preocupan por el doblaje que hacen en otros países, pero a mí me interesó que el espectador sintiera que está en Cuba. Es más, en Francia se verá la versión en español con subtítulos, luego en Alemania o en Japón seguirá la versión doblada.
P.: El cine de Hollywood parece estar prestándole más atención a lo latino. «Traffic» es un reciente ejemplo, donde además se respeta el idioma original, ¿qué opina al respecto?
J.S.: Creo que hicieron bien, aunque el acento de Benicio del Toro sea dudoso. Igualmente uno se lo perdona porque su desempeño actoral es brillante.
Opresión
P.: En su película se muestra al arte emergiendo de un régimen político dictatorial. ¿Cree usted que un ambiente represivo puede llegar a potenciar, como válvula de escape, la necesidad expresiva de un artista?
J.S.: El arte existe en todos lados en tanto estén las ganas para hacerlo. Mucha gente creyó que Reynaldo no podría escribir fuera de Cuba, pero sin embargo terminó su libro en Estados Unidos. Creo que todas las sociedades reprimen en algún sentido. Reynaldo no escribía ensayos políticos, ni nada a favor o en contra de la revolución; sólo hacía arte.
P.: ¿Cómo se vinculan en usted las artes plásticas y el cine?
J.S.: La pintura es un arte hermético, mudo y misterioso. En contrapartida está el cine, que es una disciplina narrativa, casi propagandística, en el sentido de que es más accesible para el público. Soy un poco esquizofrénico, tengo una parte de mi cerebro y de mi sensibilidad que está contenta con la expresión muda y otra parte que disfruta con revelarle a la gente lo que quiero decir, para que realmente lo comprenda.
P.: ¿Tiene contacto con la sociedad actual en Cuba? ¿Las condiciones son las mismas que las que describe en su película?
J.S.: En mi película se habla de la homosexualidad y de los tormentos que debe afrontar el protagonista por su condición. Una transformación interesante para resaltar sería que hoy en Cuba mucha gente que trabaja en el gobierno es homosexual, pero los derechos de los ciudadanos siguen dependiendo de algo: de sus relaciones con el Estado y de las afiliaciones a determinadas instituciones procastristas.




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