23 de septiembre 2002 - 00:00

San Sebastián 50° premió a Coppola

Francis Ford Coppola
Francis Ford Coppola
San Sebastián-Con una fiesta apabullante en la plaza de toros de Illume, el Festival de San Sebastián festejó el sábado su 50° aniversario. Sólo que esta vez, el toro fue Francis Ford Coppola, recibiendo el premio especial del cincuentenario y evocando el primer premio internacional que recibió en su vida: la Concha de Oro 1969 por «The Rain People». Del resto, hubo un excelente cortometraje evocativo con material de archivo, teatro de gran despliegue, recital de cantantes populares, y baile, todo en la misma plaza.

Poco antes, 3.500 espectadores habían visto en el velódromo, ante una pantalla de 100 metros cuadrados, la presentación del último documental producido por Jacques Perrin, «Nómades del viento (Le peuple migrateur)». Si antes Perrin había producido «Microcosmos», con lentes capaces de registrar el menor detalle de los ínfimos invertebrados, ahora llegó incluso a montar pequeñas cámaras sobre avioncitos teledirigidos, para acompañar el vuelo de variadas clases de aves que cruzan el Atlántico o el Himalaya. Un trabajo de varios años, y un resultado fascinante, que, sin embargo, meses atrás la crítica intelectual parisina supo despreciar en apenas diez líneas. Es que con la crítica nunca se sabe, y tampoco con el público.

Por ejemplo, mañana o pasado puede aparecer la octava maravilla, pero hasta este momento la gran favorita del festival, que empezó el jueves, sigue siendo «Lugares comunes», de Adolfo Aristarain. Ovacionada en todas sus proyecciones, aplaudida por los diarios de derecha e izquierda (los primeros, por razones de izquierda, y los segundos por razones de derecha), la gente ya paladea ser testigo del excepcional momento en que un mismo director gane por segunda vez el premio máximo. La primera, como se recordará, fue hace exactamente diez años, por «Un lugar en el mundo».

Elegida como representante de España (no de Argentina), «Lugares...» se presentó el viernes, para que todos los medios le dedicaran espacio el fin de semana, y se estrena esta misma semana, en 108 salas de todo el país. Si el sábado próximo la premian, miel sobre hojuelas. Lo que se llama, un buen lanzamiento, favorecido por el hecho de haber tenido, hasta ahora, relativa competencia: el film del japonés Ken Kumai es un folletón larguísimo, gritado y terminado con efectos especiales, aunque digan que era un proyecto del propio Akira Kurosawa, y la del iraní Farhad Mehranfar, sobre una maestra rural enfrentada a las pautas oficiales y la propaganda mediática es realmente buena, pero le falta lobby. Los otros competidores podrían ser «La vida prometida», un drama con la siempre admirable Isabelle Huppert haciendo de una prostitu ta madre de una adolescente, vista ayer.

Igual, todavía quedan varias películas por verse. En paralelas, brillan el ciclo «Cincuenta de los cincuenta», y las retrospectivas más que completas, de Volker Schlondorff y Michael Powell. Pero hay que tener cuidado: si algún nostálgico quiere ver la copia restaurada de su inolvidable mélo «Las zapatillas rojas» se va a encontrar con que la copia tiene subtítulos...en euskera. Abur. Final, con algunas perlitas del finlandés Aki Kaurismaki en su conferencia de prensa, tras la presentación, fuera de concurso, de una película bellísima, «El hombre sin pasado»: «Yo lo hice una vez. Me saqué de encima todo mi pasado. Lo recomiendo para todos. El pasado es como una losa terrible que nos asfixia»; «Los Dogma han in-Viene de Tapa ventado el video casero, y punto. Si creían que estaban innovando, es que en realidad no se enteran de nada»; «Antes, el 99% de las películas de Hollywood eran malas, pero había un 1% genial. Ahora solo hay 100% malas»; «Lars von Trier es un cineasta interesante, pero es danés»; «Prefiero hacer películas en blanco y negro, pero el público viene en colores»; «Yo quiero entretener a la gente sin violencia. Antes la gente iba al cine a descansar. Pero no hago cine familiar. No me gusta la idea de familia. Mi abuelo se suicidó, y yo también me mataré algún día. No tengo ninguna razón para vivir, salvo ver fútbol, visitar Portugal, y beber vino blanco». Pero lo pasó tomando cerveza.

Hoy el marginal de otrora Dennis Hopper recibe el premio Donostia a la trayectoria. Veremos qué dice.

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