5 de marzo 2001 - 00:00
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Sandra Ballesteros.
Periodista: ¿Usted se presentó al casting por iniciativa propia?
Sandra Ballesteros: Así es. Cuando me enteré del casting llamé a la producción diciendo que quería hacer de dentista... (uno de los papeles que interpreta Humberto Tortonese). Pero me dijeron que no. Así que pregunté por los papeles femeninos pensando que la obra iba a ser muy diferente a la película, pero los personajes eran los mismos. No me quedaban muchas opciones, la voz de la planta la hacía un hombre, las tres chicas del coro que narran la historia eran papeles chicos... Así que me dijeron: «Para vos está Audrey».
P.:Y ¿qué es esa ocurrencia suya de travestirse?
S.B.: ¡Ay! ¡Yo quería hacer el dentista! Toda la vida me encantó Steve Martin y en la película de Frank Oz está fantástico. Además me parecía divertidísimo hacer de hombre. Si Soledad Silveyra hizo «El jorobadito» de Roberto Arlt en televisión, ¿por qué yo no puedo hacer al dentista? Bueno, al final audicioné el último día cuando ya se iban los americanos, y ese mismo día quedé elegida. Con Humberto decimos que algún día vamos a hacer la versión invertida de «La tiendita...», él haciendo de mujer y yo de hombre.
P.: ¿Qué fue lo que la atrajo de esta obra?
S.B.: Yo en los '80 era una fanática coleccionista de historietas. Era una época mía muy dark en la que me la pasaba viendo películas clase B de Darío Argento, Roger Corman... Inclusive filmé varios cortos con amigos. En algunos actué, en otros hice dirección de arte, efectos especiales y cosas de vampiros.
P.: ¿Cosas de vampiros?
P.: El director Robert Jess Roth nos dijo que el musical es superior a la película. ¿Usted qué opina?
S.B.: Es cierto, él se tomó el trabajo de alejarse de la película porque la considera falsa y superficial. El film se ocupa más de la estética y tiene menos corazón y contenido. En la obra, el amor entre Seymour y Audrey tiene más peso y desarrollo. Lo que yo rescato de la obra, más allá del cuentito, es que muestra la paradoja del éxito fácil. De golpe, esta gente que vive hundida en la realidad del desempleo, la quiebra de la pequeña y mediana empresa, el alcoholismo, la droga y la deserción escolar, encuentra una solución mágica a sus problemas. Esa solución cae del cielo y es una plantita extraterrestre. La planta le ofrece a Seymour el oro y el moro a cambio de que le entregue gente para comérsela. El chico comienza a tener éxito, dinero, la chica que quiere, pero su realidad se torna cada vez más miserable y eso lo lleva a un profundo cuestionamiento moral. Para mí lo interesante de la obra es que tiene un cuento muy redondo que cierra por donde lo mire, con personajes adorables y perfectamente construidos. Y, además, tiene una música que es puro rock and roll. Eso le da a la obra muchísima energía.
P.: ¿Para componer a Audrey debe fingir la voz?
P.: Ahora, pasando al cine, ¿qué significado tiene para usted retomar el personaje de «El lado oscuro del corazón» después de tantos años?
S.B.: Es un proyecto de mucho riesgo. Después de tantos años, volver sobre una película que no sólo marcó mi carrera sino que fue muy reconocida en todo el mundo. Mucha gente se enamoró de esa película y hasta se agotaron los libros de poesía que se utilizaron en el guión. Uno dice: ¡para dónde puede disparar una segunda parte! Pero el libro es bueno y la poética de la que se nutrió Subiela es preciosa. Incluyó poemas de mi poeta preferida, Alejandra Pizarnik. Igual, mi participación en esta película es bastante pequeña, apenas una rampa de despegue para el protagonista. Después, él continúa la historia con otra mujer. Ese papel lo hace Ariadna Gil.
P.: En «El lado oscuro del corazón» su voz fue doblada por otra actriz ¿no?
S.B.: Sí, desgraciadamente y no sé por qué razón. Porque la verdad es que nunca tuve problemas con la voz. Ese fue un tema de mucha tristeza en su momento. Subiela me había dicho que quería una voz más grave y yo le dije que en el doblaje la daría sin problema. Pero cuando un día le dije: «Bueno, hagamos el doblaje», él me contestó: «Ya lo hice». Punto y aparte, pasaron casi diez años y ahora les aseguro que no me dobla ni Cristo.



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