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9 de junio 2003 - 00:00

Se afirma el potencial del arte como bien de consumo

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Un dato llamativo de este mercado caprichoso es que en los últimos remates internacionales se ha desdibujado el interés por el impresionismo, en el sentido estricto de
Según expresaba el crítico de la revista «Art Forum»,


Por un lado, el espíritu mercantilista que tuvo su apogeo en la década del ochenta no ha logrado extinguir el concepto de la tradición romántica, que surgió en el siglo XVIII y considera al arte un objeto de culto, único e invalorable, cuyo carácter casi sagrado impide medirlo en dine-ro pero justifica al mismo tiempo -para algunos-, los precios extraterrenos que en ocasiones paga la gente.

Por otro lado, el arte reúne también los atractivos que demanda la franja de consumidores de productos de alto valor económico. Aquellos que, cueste lo que cueste, aspiran a diferenciarse gracias a la posesión de lo exclusivo y reclaman algo especial que depare experiencias diferentes, placer estético y, si es posible, prestigio, pero sobre todo, emociones fuertes. Cuando el arte es capaz de calmar esta ambición, los precios tienden a subir vertiginosamente, como en el caso de

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