22 de marzo 2002 - 00:00
"Si yo pensara en el público, quizás haría más concesiones"
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García Wehbi
Periodista: ¿Qué puede anticipar de la obra?
Emilio García Wehbi: Su estructura dramática está sostenida básicamente por el devenir de la «Divina Comedia». Hay un personaje, Botero, que es un represor y es el encargado de conducir a Rosario, un personaje absolutamente andrógino a cargo de Belén Blanco, a través de un viaje a los infiernos. La obra tiene un carácter polifónico porque está montada sobre citas. Se puede encontrar en ella referencias infinitas a distintos autores, desde Goebbels a poetas de la literatura universal, desde historiadores o grandes teóricos, como Mc Luhan, a frases de Martin Luther King, Evita o Maradona.
E.G.W.: Lo es, pero a mí me gusta lo críptico porque me permite trabajar en distintos niveles como capas de cebolla. Me interesa trabajar más con signos que con símbolos, que en principio pueden parecer cerrados pero después funcionan más allá del entendimiento del espectador. Yo no apunto a la cabeza, trabajo del corazón para abajo. En «Los murmullos», por ejemplo, me interesó hablar de la realidad argentina en términos metafóricos. Esta es una obra muy muy argentina.
P.: Y sin embargo, usted declaró hace poco que no le interesaba la reacción del público ¿Cómo se entiende eso?
E.G.W.: Si yo pensase en el público actuaría sin la impunidad con la que actúo cuando no pienso en él. Quizás haría más concesiones porque el artista siempre quiere que lo que hace guste al público, quiere ser famoso, que lo adulen.
P.: Pero en términos dramáticos usted no es indiferente al público, más bien todo lo contrario, busca incomodarlo y hacerle vivir, incluso, experiencias indeseables.
E.G.W.: Sí, claro, es ese tipo de sobresaltos y de molestias lo que a mí me interesa en relación con el público. Mi idea de involucrar al espectador en un espacio tan cerrado como el de «Los murmullos» pretende sugerir que ese campo de concentración que muestra la obra es la Argentina en la que estamos viviendo todos. Cuando hice el Museo de la morgue quería que el público se sintiese oprimido, que tuviera que bajar a un lugar del que quisiera huir lo antes posible. Esa es la idea. Será por eso que siempre termino trabajando en sótanos, o los elijo o me los dan, como sucedió con el Colón.
P.: Esto de trabajar en los márgenes de las salas principales también tiene su lado oscuro...
E.G.W.: Y..., en el Colón no nos trataron bien. En una de las funciones de «Sin Voces» vino un utilero y se llevó uno de los instrumentos que estaba tocando nuestro percusionista porque en la sala de arriba lo necesitaban para «Salomé». ¡Y estábamos en plena función! Mientras tocaba con una mano, el pobre pibe intentaba retener su tam-tam con la otra, llorando al mismo tiempo, porque evidentemente estaba sufriendo una humillación terrible frente el público. El señor venía con una orden y para él estaba todo claro: «Arriba están haciendo Salomé», que era como decir: «Esto qué importancia tiene, la música grande está arriba, no acá.» Suena increíble, pero son cosas que pasan en la Argentina.


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