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9 de abril 2008 - 00:00

"Siempre se vuelve a George Gershwin"

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Jorge Navarro en la City: «Tengo mucho humo, mucha noche y mucho alcohol a mis espaldas, y ya estoy para otra cosa».
"Nunca ha habido tanta cantidad de buenos músicos de jazz como ahora. Cuando yo era joven, éramos muy pocos. Recuerdo que cuando volví de los Estados Unidos, a mediados de la década del '70, es decir diez años después de haberme ido, la escena jazzística era la misma que antes. No había renovación. Por ese entonces, el rock les voló la cabeza a todos los jóvenes. Quién sabe qué me habría pasado a mí mismo si me hubiera tocado ser joven por esos tiempos; a lo mejor también me habría entusiasmado con el rock".

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Jorge Navarro, pianista con 50 años de músico que forma ya parte del campo de los «históricos» del jazz en nuestro país, aclara, en relación a la presunta dicotomía entre jóvenes y mayores, que «yo no he tenido peleas. Tuve un dúo con Guillermo Romero. Compartí un premio Konex con Ernesto Jodos. Y veo que han aparecido músicos que, además de estudiar mucho, tienen talento. Sólo en mi instrumento podría nombrar a Jodos, a Adrián Iaies, a Paula Shocron, a Francisco Lovuolo, a Hernán Jacinto. Y siguen apareciendo nombres todos los días».

Periodista: Pero la controversia se da no sólo en lo generacional sino también también entre quienes componen sus propios temas y quienes sólo tocan «standards».

Jorge Navarro: No haría esa distinción. Yo no compongo como George Gershwin o como Cole Porter, y entonces prefiero tocar sus temas e improvisar sobre ellos. Tampoco creo que sea obligatorio componer; y confieso que, de lo que he escuchado últimamente, no me entusiasma nada como para tocarlo. Pero me parece bien que quien siente la necesidad de mostrar sus temas lo haga. A lo mejor, todas estas discusiones que se dan en el mundillo del jazz no son más que una cuestión generacional. Yo y muchos compañeros de mi generación podríamos ser los padres de varios de quienes ahora están sobresaliendo; y ya se sabe, en general los hijos no quieren saber nada con los padres.

P: Con 50 años en el jazz. ¿Qué cosas le quedan por decir?

J.N.: Creo que muchas, porque el jazz es una música que se renueva con cada concierto y con cada disco, o así debería ser. Ya soy un señor grande al que le gusta disfrutar de su familia, de sus nietos. Por eso me fui a vivir a la tranquilidad de Pilar; tengo mucho humo, mucha noche y mucho alcohol a mis espaldas, y ya estoy para otra cosa. Mi presente musical se reparte entre mi trío, mis conciertos de piano solo, que únicamente hago cuando puedo contar con un buen instrumento, y los dúos con Gustavo Bergalli.

P: Pero vuelve una vez más a Gershwin.

J.N.:
Lo que haremos el próximo 18 de abril en el Opera, con Ernesto Acher y una orquesta sinfónica, será un concierto único que servirá para presentar un disco que grabamos en vivo en 2006 y que ahora se editó. Será «Gershwin, el hombre que amamos», con mi trío y orquesta, dirigida por Acher; un espectáculo que me ha acompañado de distintas maneras en los últimos años y que ahora encontrará su final.

P: Es que en realidad, en el comienzo, el espectáculo lo compartían además con Baby López Furst.

J.N.: Claro. Con Baby y con Ernesto me unen muchos años de música y de amistad. Con Acher compartimos La Banda Elástica varios años desde 1986. Y con López Furst tuvimos un dúo de pianos; de hecho, se disolvió antes de su muerte mientras tocábamos en un local que se llamaba Opera Prima. La verdad es que en aquella época, hace 12 años, yo estaba con ganas de darle un giro al dúo; y se me ocurrió lo de hacer una versión sinfónica, con dos pianos solistas, de la «Rapsody in Blue». Dio la casualidad que a Acher se le había ocurrido algo parecido y que además tenía la propuesta de hacer una serie de conciertos sinfónicos. Después de mucho trabajo de arreglos y de pruebas, «Gershwin, el hombre que amamos» debutó en el teatro Avenida en 1997 con la idea de hacer dos fechas. Pero fue tal la recepción del público que hicimos doce. Se repitió en 1998 y se hizo un disco que editó un sello multinacional y que, lamentablemente, no tuvo buena difusión. Hicimos giras por el interior. En 2000 murió Baby y todo se interrumpió. El duelo no fue sencillo y para mí el proyecto estaba terminado. Pero pasó el tiempo. Acher, que está radicado en Chile, tuvo una propuesta para hacerlo en Mendoza, y reacomodamos todo para mi trío y orquesta sinfónica. Debutamos allá con la Sinfónica de la provincia, lo hicimos después con la Filarmónica de Buenos Aires en el Colón antes de su cierre y terminamos con dos conciertos en el Opera, que son los que se grabaron y que ahora vamos a presentar.

Entrevista de Ricardo Salton

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