19 de abril 2001 - 00:00

Simes y Elía: de lo barroco al ascetismo

Obra de Roberto Elía.
Obra de Roberto Elía.
(19/04/2001) Jorge Simes (Córdoba, 1960), que vive y trabaja en Chicago desde hace más de una década, expone actualmente en la Galería Cecilia Caballero. En 1955, su última exposición en Buenos Aires, « Pintura de guerra», mostraba escenas de batallas célebres y los nombres de sus ideólogos a través de la heráldica así como interiores de iglesias góticas y románicas en las que los blasones, símbolo de poder, constituían una imagen recurrente.

En su actual exposición de obras realizadas en los últimos tres años, en las que continúa involucrado con la historia y la historia del arte, encontramos nuevamente la rica elaboración de la materia, de las formas, del color sensual, propio de las obras del pasado y que el tiempo no ha logrado empalidecer.

Mantegna y Rembrandt son algunas de las citaciones del artista, que juega con las imágenes generalmente sacrales, tal vez a manera de homenaje o como ironía en un mundo invadido por trivialidades mediáticas de instantánea desaparición.

En «Interior», un contexto arquitectónico teatral de profundos rojos, un toro ominoso irrumpe en primer plano; en « Birth of a Nation», inocentes querubines sostienen el águila emblemática, de significados distintos según el despliegue de sus alas; en « Totem italiano», también en un vasto fondo de tonos rojos yuxtapuestos, a manera de manchas, se eleva una columna de manos tomadas de las distintas posiciones de éstas en cuadros de Madonnas del Quattrocento.

Así como en su muestra annar la oscuridad en el vocablo», una delgada colchoneta doblada, alguna piedra, un hacha de pequeño tamaño sobre un lienzo en el que se encuentra una mesa cuyo perfil está dibujado en negro sobre la pared blanquísima.

En pequeños cartones, a manera de pizarras, los nombres de «Algunos compañeros de ruta» como Beuys, Duchamp, Arlt, Xul, Cortázar, Macedonio, Foucault, y el que está vacío será seguramente llenado con algún nombre paradigmático, seis círculos en papel de reminiscencias orientales, un pan con toda su carga religiosa. Para acceder a su obra quizá deberíamos recurrir a ciertas premisas taoístas: « Las cosas son el nombre que tienen. ¿Qué son? Son lo que son. ¿Qué no son? No son lo que no son. Nada hay que no sea algo, y nada hay que no pueda ser algo». (Centro Cultural Borges. Clausura el 10 de mayo.)

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