23 de noviembre 2006 - 00:00

"Sin destino"

El joven Marcell Nagy, estupendo protagonista de «Sin destino», del húngaro Lajos Koltai.
El joven Marcell Nagy, estupendo protagonista de «Sin destino», del húngaro Lajos Koltai.
«Sin destino» (« Sorstalanság», Hungría-Alemania-G.B., 2005; habl. en húngaro). Dir.: L. Koltai. Int.: M. Nagy, B. Dóra, A. Dimény, D. Szabó y otros.

La parte más perturbadora de esta amarga película húngara es la que menos espacio ocupa. El libro autobiográfico del ganador del premio Nobel Imre Kertész no le es ajeno al espíritu de la frase inicial de «La República del silencio» de Jean Paul Sartre: «Nunca fuimos tan libres como bajo la Ocupación». Esa afirmación, tantas veces malinterpretada como maliciosamente leída, se potencia aun más en las terribles experiencias vividas por el adolescente György Köves, alter ego de Kertész, quien sobrevivió a Auschwitz primero y a Büchenwald más tarde, para terminar, luego de la liberación, sintiendo una atroz nostalgia por esa «felicidad» que sólo pudo vivir allí, a cierta hora de la tarde, en comunión con algunos de los prisioneros que no sabían si iban a ir a las cámaras de gas en una hora, un día o una semana más tarde. O en ese mismo instante.

El joven Köves, que fue testigo de cómo se llevaron primero a su padre, y que más tarde también fue arrastrado él mismo, junto con otro puñado de adolescentes, a los trenes de la muerte, suele responder con un «naturalmente» cuando uno de sus mayores, al regreso, lo interroga sobre el infierno vivido. Hasta que aquel estalla: «¿Cómo dices ' naturalmente'? ¡Auschwitz no es natural!».

Pero György ya no puede reconocer qué es lo natural, como tampoco logra entender porqué, al trepar a un ómnibus, famélico y aún con su desgastado uniforme de prisionero, el conductor le quiere cobrar el boleto, o por qué los vecinos de antaño le cierran la puerta en la cara como si se tratara de un mendigo inoportuno, o de un asaltante.

György no ha muerto en el campo pero, de alguna forma, se siente muerto en la vida civil, vaciada su identidad y no sólo la identidad judía, cuestión que ya se había planteado con anterioridad a su detención. Tal como su madre quería se convertirá, quizá, en médico o arquitecto, pero sabe que el último vestigo de felicidad, terrible e incomprensiblemente, ha quedado en Büchenwald, en esa comunión de destino ante lo indescifrable de los actos humanos.

La película «Sin destino», extrañamente subtitulada «Una mirada a la esperanza» pese a su extremo nihilismo, permite intuir la esencia de un buen libro que, en pantalla, se traduce en imágenes duras, actuadas por un sólido conjunto de actores (muy destacable el trabajo del joven protagonista Marcell Nagy), y que acusa la influencia directa, en cuanto a dramatismo, de «La lista de Schindler» de Spielberg.

Lajos Koltai, que debuta en la realización después de una extensa carrera como director de fotografía (es el responsable de muchos de los films de István Szabó, como «Mefisto» y «Encuentro con Venus»), confió en este caso su especialidad a otro gran talento, Gyula Pados, quien trabajó la cambiante y magnífica imagen de «Sin destino» en un sepia casi monocromático.

Dejá tu comentario

Te puede interesar