Julieta Díaz y Juan Manuel Tenuta en una escena de la versión teatral que fracasa en su intento de trasladar a la Argentina la trama del premiado film español «Solas».
«Solas» de B. Zambrano. Adap.teatral: A.Onetti. Versión: E. Pinti. Int.: L. Manso, J. Díaz, J. M. Tenuta y elenco. Dir.: A. Zanca. Esc.: G. Carrascal. Ilum.: G. Córdova. Vest.: M. Mendoza. (Metropolitan 2)
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Filmada en 1999, «Solas», ganó cinco Goya, el máximo premio de la cinematografía española. Es una película sencilla, poética cuyos personajes calan muy hondo. Rosa, la protagonista, es una mujer de pueblo, cálida y bondadosa pese al continuo maltrato de su marido. Cuando éste es internado en un hospital, la mujer se instala en casa de su hija María, quien más allá de sus traumas de infancia heredó el tenebroso carácter de su padre.
La chica es otra víctima. El padre no quiso que estudiara (por falta de medios o simple capricho machista), trabaja como empleada de limpieza y ahora está embarazada de un camionero que la desprecia y quiere que aborte.
En medio de este cuadro, María odia a la humanidad entera y no le faltan motivos. Lo malo es que se desquita con su madre, presentada como una santa; pero como ve reflejado en ella su propio futuro -una completa derrota ante el abuso y la injusticia- no puede dejar de rechazarla.
La película fue concebida por su director, Benito Zambrano, como «un homenaje a la generación que creció en la postguerra» y a la que, según parece, es mejor no juzgar.
En el film puede apreciarse el atraso y las injusticias sociales de una España todavía desgarrada por la Guerra Civil y sumergida durante años en la resignación y la falta de horizontes. Esta realidad encontró una dolorosa carnadura en la relación de estas dos mujeres (madre e hija) que viven sometidas a condiciones denigrantes. Su desamparo mueve a piedad, no cabe duda; pero cuando a estos personajes se los extrae de contexto en un intento de adaptarlos a la idiosincrasia argentina, como sucede con esta versión teatral, ya no resulta tan fácil identificarse con ellos.
Sólo las actuaciones de Leonor Manso, Julieta Díaz y Juan Manuel Tenuta (quien interpreta a un adorable vecino viudo que se enamora de la madre y termina apadrinando a la hija) logran transmitir el dolor, la ternura y la insondable melancolía que anidan en esta historia. El vínculo entre las dos actrices es intenso y verosímil, aunque nunca termine de entenderse por qué María odia tanto a su madre y por qué deja de hacerlo tan abruptamente.
La adaptación teatral de «Solas» adolece de varias fallas, empezando por el diseño espacial fragmentado y de jeraquías confusas, que obliga a los actores a desplazarse mecánicamente, para acompañar los cambios escénicos, por ejemplo, o bien para detenerse a mirar lo que ocurre en otras escenas. Pese a haberse evitado los apagones, la acción dramática luce fragmentada y tampoco la favorece la constante irrupción de carros, camillas, mostradores y demás elementos escenográficos: un hospital, un bar y hasta una fiambrería-carnicería que no aporta nada a la trama central. La pieza transmite cierto maniqueísmo de folletín, más fácil de relacionar con la España profunda que con los avatares de la sociedad porteña. Los hombres son egoístas, misóginos, ignorantes y violentos (salvo el anciano de Tenuta, que además de ser la excepción que confirma la regla, se roba todos los aplausos con cada una de sus intervenciones). Tal vez por eso, las escenas entre María y su amante camionero resulten tan redundantes. No suman más que clichés y situaciones demasiado estereotipadas. Tampoco resulta fácil de digerir el sometimiento de Rosa, presentado aquí como una prueba de sacrificio y bondad a prueba de balas. Rosa emana santidad y su fugaz visita sirve para que su hija empiece a creer que hay gente buena y que nunca es tarde para encontrar un padre sustituto que, además, disfrute de ser abuelo.
«Solas» es una obra que vale por las actuaciones, por lo demás conviene conseguir la película en dvd.
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