Sólida reconstrucción de enigma irresuelto

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«Zodíaco» (Zodiac, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: D. Fincher. Int.: J. Gyllenhaal, M. Ruffalo, R. Downey Jr., A. Edwards, C. Sevigny, B. Cox, D. Mulroney, J. Carroll Lynch.

Desde 1969 hasta bien entrados los años '70, el asesino serial conocido como Zodíaco se adjudicó más de una docena de crímenes absurdos, sin motivo aparente, salvo quizá la necesidad de ver publicados sus mensajes cifrados, amenazas colectivas y delirios varios en todo medio de prensa masivo.

En la ficción, Don Siegel convirtió a Clint Eastwood en «Harry el sucio» para exterminar de la faz de la tierra al malvado conocido como «Gemini». En el mundo real, a Zodíaco no lo atrapó nadie, y para colmo, todo aquel que intentó investigar a fondo sus crímenes terminó mal, no tanto por culpa del psycho-killer, sino por los límites y convenciones impuestos por el establishment y la naturaleza de aquellos pobres diablos dotados de la capacidad de atar cabos destinados a mantenerse eternamente dispersos.

Para contar la historia del «asesino del Zodíaco», el director de «Pecados capitales», David Fincher, cambió totalmente su estilo, tanto en lo visual como en lo narrativo. De hecho, «Zodíaco» tiene algo muy original con respecto a casi cualquier otro exponente del género, y es la elección de enfocar la frustración de los investigadores que nunca pudieron detener al psicópata asesino. No sólo los policías, sino un periodista y el caricaturista de un diario de San Francisco que se obsesionó con la idea de poder resolver los crímenes al punto de pasarse dos décadas haciendo que todo en su vida gire en torno a descubrir el enigma hasta volcar su rompecabezas en un libro. Con este enfoque, Fincher logra armar un thriller atrapante sin escapar demasiado de los límites verídicos de estos crímenes sin asesino convicto. Como se centra en ese rompecabezas que intentaron armar varios investigadores, la película requiere un alto nivel de interés y concentración por parte del espectador, ya que más allá de los asesinatos iniciales y de algunos peligros latentes hacia el final, éste no es un thriller de acción.

Las actuaciones tienen momentos notables -especialmente, de Robert Downey Jr como el periodista amenazado por «Zodíaco»- y en cada momento, la puesta en escena se esfuerza por no distraer con detalles de ambientación o de época por sobre el puzzle que el director le pide al público que vaya armando en su cabeza.

Para un director tan redundante y estetecista como Fincher, esta película es un avance asombroso, digno del desafío de contar en casi tres horas la historia de una investigación criminal que nunca dio con un culpable.

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