4 de enero 2002 - 00:00
"Soy el teatrista más viejo que hay; tengo que parar"
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George Tabori
Trabajó en mas de 17 países, principalmente en Inglaterra, EE.UU., Medio Oriente, Alemania y Austria. Dirigió mas de 35 obras propias autoría y puso en escena casi 50 de otros autores (la mayoría de Shakespeare, Kafka y Beckett). Sus obras más conocidas son «Mein Kampf. Farsa» (1987), «Los Caníbales» (1969), «El coraje de mi madre» (1979), «Jubileo» (1983) y «Las variaciones Goldberg» (1991), que forman parte del repertorio clásico del teatro internacional.
P.: Usted es el director teatral de mayor edad de Alemania y continúa en plena actividad.
G.T.: Hasta los 83 años, la edad no me importaba, tenía mucho que hacer. Siempre escribí sobre la vida y la muerte, que son los temas básicos de todo escritor. De un tiempo a esta parte comencé a percibir que soy el teatrista mas viejo que hay y concluí que, en algún momento, tengo que parar. Además, ya hice mucho por el teatro. Sólo en Viena, donde viví 30 años, puse 60 obras. Intenté parar muchas veces y no lo logro. Tal vez, el año que viene vuelva a escribir novelas, como cuando comencé. Así no tengo que lidiar con otras personas.
P.: ¿Está cansado de trabajar con otros?
G.T.: No es que esté cansado de eso, estoy cansado de mí mismo. Ya tengo casi 90 años; no soy el mismo de diez o veinte años atrás.
G.T.: Las obras teatrales son lo que mas amo en la vida y no tienen nada que ver con los que actualmente se dice que son en los países de lengua alemana: que el teatro debe ser joven y presentar problemas de actualidad. «Edipo» es una de las mejores obras de Sófocles y una de mis favoritas: el hijo que mata al padre y se casa con la madre. La tesis de Freud es tan actual como cualquier otra obra escrita hoy. Pero la obra que más me gusta es «Rey Lear», aún quiero hacerla de nuevo. Será mi última obra. También adoro «Hamlet», tengo ganas de montarla de nuevo. Ya la hice dos veces y cada vez descubro algo nuevo.
P.: No le gusta que lo llamen régisseur...
G.T.: Régisseur tiene que ver con gobernar (de régie). En tiempos de Shakespeare no había directores. No soy de los que creen saber más que los actores, ellos son para mí lo más importante. Se puede sacar a cualquiere otro: iluminador, vestuarista, director, escenógrafo; sólo los actores son indispensables, sin ellos nada sucede.
P.: ¿Cómo acostumbra a trabajar?
P.: ¿Qué piensa de las críticas que le hicieron a su «Edipo rey»?
G.T.: Un crítico dijo que era «una obra depresiva». Es ridículo que alguien escriba eso sobre una tragedia. Desde hace 20 años, las personas tratan de olvidar la guerra y lo que ocurrió en ella. Pero yo sé exactamente lo que pasó: mi padre murió en Auschwitz y mi madre escapó por poco. La nueva generación quiere olvidar todo y dicen que hoy todo es muy diferente, muy divertido.
P.: Su «Edipo Rey» comienza con una escena sobre el prejuicio hacia los extranjeros, ¿está preocupado con esa discriminación?
G.T.: Es la mejor escena del espectáculo. Algunas personas del público tratan de alejarse, de tomar distancia, de irse, otras, en cambio, participan sin saber que la pelea que ocurre en la platea entre dos espectadores es parte de la historia. Sólo cuando esas dos personas suben al escenario, la platea entiende que todo era teatro. La situación de los extranjeros en Europa no me preocupa, ya es algo viejo.

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