17 de junio 2002 - 00:00
"Soy de los pocos que edita en vivo porque no desafino"
-
Noah Wyle, actor de las series "The Pitt" y "ER", recibió su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood
-
La esperada temporada de Euphoria se estrena esta semana: todo lo que tenés que saber para verla
Mercedes Sosa
Periodista: ¿Por qué ha vuelto a grabar en vivo?
Mercedes Sosa: A mí me gusta mucho hacer discos en vivo. Hasta ahora había hecho solamente dos: «De mí» y «De vuelta en Argentina».Y hay uno que se editó en Holanda que se hizo sin mi autorización, una «transfugueada» de Radio Neederland, y por el que no cobré un peso.
P.: ¿Lo prefiere porque es más aliviado que el trabajo de estudio?
M.S.: No, no es por eso. Es que yo soy de los pocos artistas que pueden editar el vivo, porque no desafino. Había una sola canción, la «Chacarera del 55», que estaba desafinada y por eso no la pusimos en el CD. Igualmente, eran demasiadas canciones. Esas del Gran Rex, con las que hicimos el disco, fueron una actuación muy larga y a pesar de eso, la gente quería más. Son muchas las cosas que yo quería poner pero no fue posible porque hubiera sido infinito. Algunos cantan tres horas, como León Gieco o Charly García. A Charly le pasa como a todo artista: si se siente amado puede cantar mucho tiempo, pero si se siente angustiado, como le pasó en México, porque a la gente no le gustó «Sweet Home Buenos Aires», se baja del escenario y no hay forma de volverlo a subir.
•Contención
M.S.: Por supuesto. A nosotros, más allá del dinero que nos paguen por actuar, nunca será una paga equivalente a lo que significa tirarse sin malla de contención, que es lo que pasa como cuando uno sube a un escenario. Yo canto igual en Europa que en Mendoza o en Tucumán. Siempre está ese riesgo que a uno lo motiva para seguir cantando.
P.: ¿No funcionan el profesionalismo y el oficio después de tantos años?
M.S.: Le cuento. En Holanda un día me pasó que no tenía ganas de cantar; había tenido un problema con el empresario y estaba con rabia. Actué perfectamente pero sin ninguna emoción. Y el público lo percibe. Por eso, en la segunda parte, me dije que tenía que disfrutar porque esto es lo que a mí me gusta hacer; y fue mucho mejor. No hay profesionalismo porque usted nunca sabe qué puede pasar. Sí hay estudio, conocimiento de la respiración, pero la emoción no se puede prever. Siempre he sido muy estudiosa y he tenido y tengo muy buenos profesores; pero cuando usted sube al escenario finalmente no sabe qué puede pasar. Además, siempre hay tener cuidado de no confundir profesionalismo con monotonía, en la que uno puede caer después de hacer muchísimas veces la misma canción.
P.: ¿Por qué, para esos conciertos que ahora aparecen el disco, eligió canciones que hacía tiempo no cantaba?
M.S.: Hay temas que yo adoro y que tenía ganas de volver a hacer, como «La niñez» de Chacho Müller, el «Poema Nº 15» de Neruda y Víctor Jara, «Para cantarle a mi gente» de Avena y Negro que estaba en mi segundo disco, «Allá lejos y hace tiempo» con ese texto maravilloso de Tejada Gómez y la música de Ariel Ramírez. Esa canción, con la belleza de la letra de Armando, me produce una profunda emoción sobre todo cuando estoy lejos de mi casa. Todos estos temas me traen muy lindos recuerdos del pasado, de mi juventud en el boliche «El 55» de Tucumán, de mis giras con Los Trovadores, de gente como el Chivo Valladares, los hermanos Núñez.
P.: ¿Usted era habitué del famoso «El 55»?
M.S.: Sí. Ahí nos juntábamos con Gentilini, con los Núñez, con los Nieva, con Matus -que fue padre de mi hijo-. Hacíamos las canciones del Nuevo Cancionero, que era algo distinto para ese tiempo. Yo no era tan amiga de esa gente como Matus, pero era un lugar de encuentro para el canto y por eso me gustaba ir. Comíamos una sopa «pavesa», tomábamos un vino y nos pasábamos horas guitarreando. También había tipos con prostitutas que levantaban en el cabaret, gente que hacía tiempo para tomar el tren de Tucumán a La Banda, otros tomando y jugando a los naipes; era una mezcla muy rara. Yo era muy jovencita y mirona; ese era un mundo de hombres. Yo no hablaba pero escuchaba todo. De hecho, antes de conocer a Matus había pasado miles de veces por la puerta pero nunca había entrado. Había otros lugares también, como El Alto de la Lechuza, donde canté por primera vez delante de Los Fronterizos; y recuerdo que tenía unos nervios tan grandes que los brazos me quedaron agarrotados.
P.: ¿Por qué eligió cantar «Gracias a la vida» para su actuación en el Coliseo romano?
M.S.: Fue un pedido de ellos. Esa canción tiene un significado especial para la gente que está viviendo una guerra como la de Medio Oriente. Que a uno le paguen para hacer lo que ama y que esta profesión de cantora me permita estar en situaciones como ésa, actuando en un lugar tan especial -donde como muchos otros yo he hecho cola para entrar a mirar-, sintiéndome mimada por los empleados y los técnicos de la RAI, es algo que tengo que agradecer a la vida. Fue una experiencia impresionante. Además, esa actuación tenía una simbología muy especial, por la presencia de funcionarios de Israel y de Palestina.
P.: ¿Sigue padeciendo los viajes en avión?
M.S.: No. Ya no padezco tanto porque sé lo que pasa sobre un avión: los movimientos por el viento, los pozos de aire. He pasado tantos momentos feos que terminé acostumbrándome. Y ahora duermo; aunque por supuesto nunca será como dormir en la cama porque la mente sabe que uno está arriba de un avión.
M.S.: Cosas que están en el disco y algunos estrenos, como una chacarera muy moderna, otro tema de Angel Rojo muy bonito, otra que se llama «El anhelo de tu pañuelo», otra canción que me trajo un amigo y tengo que preparar. Como es un solo día no hay problema en hacer muchas canciones, porque no tengo la exigencia de cantar otra vez al día siguiente.



Dejá tu comentario