23 de septiembre 2008 - 00:00
Stekelman: "Nadie ayuda en el país a sostener el ballet"
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Ana María Stekelman criticó la falta de interés estatal y privado hacia la danza. Arriba, con
Francis Coppola días atrás en Alicante, en el rodaje de las escenas coreográficas de «Tetro».
P.: ¿El ballet es importante en la película?
A.M.S.: El ballet es lo que piensa uno de los personajes. Coppola me dio muchas pautas porque el ballet está basado en «Las zapatillas rojas», y también en «Los cuentos de Hoffmann». No todo el ballet pero para un personaje, sí es importante. Pero no puedo hablar mucho porque a él no le gusta.
P.: ¿Y cómo es trabajar con Coppola?
A.M.S.: Nosotros, es decir, yo, mi manager y Tangokinesis no tuvimos ningún problema con él. Ni con los cachets ni con el trato personal, pese a lo que se dijo en algún momento. Después de ver diez películas de un genio como Coppola, me siento muy feliz de haber trabajado con él. Apreció mucho la danza y estaba muy agradecido por lo que yo había diseñado para su película.
P.: Le pregunto por todo esto porque se dijo en algún momento que había gente que hubiera pagado para estar en «Tetro»...
A.M.S.: Nosotros constituimos una compañía independiente, que vivimos de lo que hacemos. Por lo tanto tenemos que cobrar todo trabajo que hacemos. Y aquí también cobramos, los ensayos inclusive. Y creo que todo el mundo cobró.
P.: ¿Cuánto tiempo ocupa el ballet en la película?
A.M.S.: Filmamos diez escenas en ocho días de rodaje. Cuánto va a quedar, no lo sé. Es su película. Si queda un minuto o veinte, es cuestión de Coppola.
P.: ¿Qué es Happy Hour?
A.M.S.: Es en realidad Feliz cumpleaños, por los quince años de Tangokinesis. La obra comienza con el Cuarteto de cuerdas N° 2, de Beethoven, que está hecho con mucho humor, después tres tangos de la Guardia Vieja, hay un « Silencio» de diez minutos que son imágenes, y finalmente, cinco mambos con música de Pérez Prado y el tema «Quizás» tocado por Xavier Cugat. Son todos estrenos para Buenos Aires. Es un programa para que la gente se sienta feliz y por eso se titula Happy Hour.
P.: Hábleme un poco de su lenguaje coreográfico.
A.M.S. En todo está mezclado el «lenguajetango». Inicié una fusión que yo misma no sabía a dónde iba. Es el resultado de experimentaciones que ahora conforman mi lenguaje. El tango por momentos y por otros la danza contemporánea me ganan, sin que se anulen entre sí. Sólo el trabajo borra las huellas del trabajo, es una frase que he hecho mía.
P.: ¿Cómo ve la actualidad de la danza en nuestro medio? El Estado aporta algo al desarrollo de la danza independiente?
A.M.S.: Quiero ser muy clara: ni el Estado ni las empresas privadas aportan absolutamente nada. Es decir, persiste la danza, algunos tipos de teatro y algunas manifestaciones culturales gracias a la pulsión de la gente. Sólo teniendo una pulsión de caballo se puede mantener una compañía independiente por 15 años sin un peso, es decir, invirtiendo todo lo que se gana en la compañía. Sólo hubo una empresa que nos auspició para nuestros viajes al interior. Los festivales internacionales organizados en Buenos Aires abusan del artista argentino. Es muy feo lo que digo, pero es verdad. Les pagan muy poco y el artista termina pagando las entradas, de alguna manera. Acá hay una crisis, como en todo el mundo, en países más chicos, esa crisis la sufrimos mucho más. Europa también ha bajado los aportes a las compañías independiente, pero nunca como acá. En nuestro medio no hay un teatro dedicado a la danza. El Colón está cerrado. El San Martín tiene un solo Ballet Contemporáneo y ya es hora que haya otros.
P.: ¿Cómo ve la actividad artística de estos días en Buenos Aires?
A.M.S.: Mantener cerrado el Colón es tremendo. A mí personalmente, como argentina, como ciudadana, me parece una cosa tremenda. No se puede cerrar un teatro, y no estar trabajando en los arreglos que se prometieron. Y en cuanto al San Martín... Yo soy el San Martín, aunque el San Martín no lo quiera reconocer. Trabajé cinco años sin cobrar en Amigos de la Danza, y luego se creó el Ballet (fue César Magrini el que lo gestó). Hubo problemas el año pasado en el ballet pero no se arregló nada, todo sigue igual. Lo único que sé es que el San Martín me encomendó un ballet que iba a estrenarse el año pasado y recién ahora se estrena, en octubre de este año. Un año después. Ese es el «homenaje» que me hace el San Martín por haber creado el ballet contemporáneo y un taller de danza hace treinta años. Como se podrá dar cuenta, muy bien no me siento.
Entrevista de Eduardo Giorello



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