El Mercado de Abasto, primera obra de cemento armado diseñada en la década del '30 por Viktor Sulcic, el arquitecto esloveno que también dejó su sello en el Estadio de Boca Juniors.
Estuvo en Buenos Aires la semana pasada Matiaz Zbonta, un conocido cineasta de Eslovenia que está finalizando un film sobre la obra de Sulcic en la Argentina. Su amigo y consultor es Zoran Krzisnik, director de la reconocida Bienal de Ljubljana, por más de treinta años, en la que participaron y obtuvieron premios muchos argentinos. Borges, quien de alguna manera había hecho suya la certidumbre de aquel poeta francés para quien «la ciudad es un estado de ánimo», descreyó, en su célebre «Fundación Mítica de Buenos Aires», de que la urbe por él tan querida hubiese empezado a existir en las cercanías del Riachuelo. «Son embelecos fraguados en La Boca» -se burlaba- porque, según él, aunque Buenos Aires le parecía «tan eterna como el agua y el aire», sólo pudo nacer en su barrio de Palermo, en la manzana donde estaba la casa de su infancia, en la calle Serrano. Sin embargo, todo empezó en la Boca, o en sus vecindades. Y si algo faltaba para coronarlo, un club de fútbol vino a poner su nota distintiva: Boca Juniors, cuyos colores son los de la bandera sueca (que tomaron de un barco), en un distrito de mayoría genovesa.
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Pero si La Boca y su puerto sobre el Riachuelo llegaron a ser un estado de ánimo, no lo fue menos el barrio del Abasto, en Balvanera, unido desde siempre a la leyenda de Carlos Gardel, un hijo de Toulouse. Crisol de razas, Buenos Aires supo unir a los Genoveses de La Boca y al francés Gardel en una misma pasión popular.
Pero no siempre sabemos, y, de saberlo, no siempre lo recordamos, que tocó a un esloveno ayudar a robustecer esa fusión de mito y realidad, de espíritu y material: se llamó Viktor Sulcic (1895-1973). La propia formación y desarrollo de Sulcic, autor del Mercado de Abasto y del Estadio de Boca Juniors, son un dechado de identidades nacionales. Oriundo de Kriz, villorio cercano a Trieste, Sulcic fue hasta los 23 años un súbdito del Imperio Austrohúngaro y, como tal, luchó en la Primera Guerra, después de acabar la Escuela Industrial en Trieste, el mayor puerto austrohúngaro. Cuando marchó a estudiar en la Academia de Bellas Artes de Florencia, en 1919 (primero escultura, luego arquitectura), Trieste es italiana, y Kriz se llama Santa Croce; Sulcic se diplomó luego en Bolonia (1922), y trabajó después en Zagreb, la capital de Croacia, que entonces formaba, con Eslovenia y otras zonas, el Estado Yugoslavo.
Por último, y luego de una permanencia en Trieste, el eslovenoyugoslavo-italiano ex austrohúngaro Sulcic se afincó en la Argentina, en 1924, donde realizó su obra. Su primer socio fue el ingeniero Luis Migone; con él ganó el Segundo Premio en el certamen para la Municipalidad de Bragado (1926). Mas tarde, se unió a su amigo, el geómetra Raúl Bes, para intervenir en el concurso de la nueva sede del Banco Hipotecario; ambos llaman luego a colaborar al ingeniero Luis Delpini, y su proyecto obtuvo el Primer Premio, en 1927, aunque jamás fue construido.
Lo que sí construyeron los tres autores fue un estudio: Delpini, Sulcic, Bes-Ingenieros Arquitectos, que fue famoso. Y pronto, La Empresa del Mercado de Abasto Proveedor, que había descartado los planos vencedores en su certamen de 1921 para las instalaciones en la avenida Corrientes al 3200 y aún los solicitados a Mario Palanti (autor, entre otros, del Pasaje Barolo), convocó a Delpini, Sulcic y Bes en 1929. Dos años después se iniciaron los trabajos; pero en 1932, el estudio triunfó en el concurso para un nuevo Estadio de Boca. Las funciones de los tres socios habían sido delimitadas por consenso, según la inclinación de cada uno. Bes se ocupaba del giro comercial de la Sociedad, Delpini de las soluciones técnicas se destacaba por su pericia en el cálculo del cemento armadoy la estética; en cuanto a Sulcic, el diseñador era el alma artística del Estudio.
Arquitecto formado en el estilo Beaux Arts, logró, partiendo de él, una originalísima simbiosis con el Modernismo. Sulcic esbozó en solo dos días la idea general del Mercado. Era una interpretación libre de una muy antigua forma arquitectónica de espacio público, la basílica romana: cinco naves paralelas abovedadas, entre las cuales se destacaba la central, mas alta y mas ancha. Como el Mercado de Abasto debía seguir funcionando, se propusieron dos etapas. La primera inaugurada en 1934, al cabo de dos años y medio; y la segunda nunca se llevó a cabo. Las instalaciones erigidas en 1931-34 totalizan 49.000 m2 y se desplegaban en dos subsuelos, la planta baja y el primer piso.
La resolución volumétrica externa era óptima: las envolventes de las calles laterales (Agüero, Anchorena) abrazaban, con la curva de las ochavas, los cinco grandes cañones corridos que culminaban en el centro de la fachada principal, sobre la avenida Corrientes. Cada uno de los cinco ventanales, con la pureza de su arco de medio punto, era recorrido por las nervaduras del hormigón, que se convertían en marquesinas. El Mercado fue el primer edificio de la Argentina con cemento armado a la vista, en la fachada y los interiores. Incendiado en 1952, el edificio debió ser reconstruido en parte.
Al habilitarse en 1984 el Mercado Central de Buenos Aires, en La Matanza, quedó clausurado El Abasto (el 14 de Octubre), y quizá también su leyenda. Fue arruinado (en su interior) por el proyecto del estudio norteamericano Benjamín Thomson cuando lo vendió la Cooperativa El Hogar Obrero. Hacia 1988 se iniciaron los trabajos de refacción, tendientes a convertirlo en un vasto shopping: lo transformaron mal, aunque es el más grande de la ciudad.
El estadio de Boca Juniors -donde se realizó la X Bienal Internacional de Arquitectura-, también fue pionero. El concurso se falló en 1932, el año siguiente de haber ganado Boca el primer campeonato profesional de fútbol de la Argentina. Pero las obras sólo empezaron en 1938, cuando se terminaban las del Estadio de River Plate (de los arquitectos Aslan y Ezcurra), cuyos planos databan de 1935. El estadio de Boca debió alzarse sobre una superficie total de 22.080 m2, para una capacidad de 100.000 espectadores. Con el objeto de aprovechar al máximo el terreno, Sulcic superpuso las tres tribunas -ubicadas sobre la calle Brandsen- y las apoyó en consolas.
Habilitado en 1940, el estadio se completó en 1944; su imposición encajonada, y el contraste entre sus reducidas dimensiones externas y su gran amplitud interna le ganó el mote popular de La Bombonera.
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