"Yo sigo siendo grande, son las películas las que se han vuelto pequeñas". La famosa frase de la estrella del cine mudo en decadencia Norma Desmond (Gloria Swanson) proviene de una de las mayores películas que ha dado Hollywood en su historia, y justamente en las postrimerías de sus años de esplendor (1950). «El ocaso de una vida» («Sunset Boulevard»), film irrepetible, fue realizado por Billy Wilder con la intención de hurgar en las intimidades de la industria del cine, y terminó haciendo una obra maestra.
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El film tiene un punto de partida similar al de «Psicosis»: para escaparle a sus perseguidores, un personaje acorralado, en este caso el guionista endeudado Joe Gillis (William Holden), busca refugio en un lugar que resulta ser extremadamente más monstruoso y que terminará costándole la vida: la mansión de la diva Desmond, que se apodera de él para que la ayude a terminar un libro, convencida de que su fama está intacta. Entre los muchos momentos sublimes: las intervenciones de Erich von Stroheim, su mayordomo y ex marido; la actuación de Cecil B. DeMille haciendo de sí mismo, y hasta un cameo de Buster Keaton como jugador de póker.
Hoy resulta gracioso que Wilder, en un primer momento, creyera que había rodado un film insalvable. El libro tiene la audacia de ser la primera película en la historia relatada por un muerto (muchos lo imitaron después, como Sam Mendes en «Belleza americana»), pero para ello debió modificar el comienzo. Gillis empieza como narrador en off estando ya muerto en la piscina de la residencia de Sunset Boulevard, pero esa escena no era así originalmente. Esta notable edición en DVD, que reproduce fielmente la norteamericana de hace tres años, incluye entre sus extras el guión original correspondiente a la escena incial que Wilder debió cortar porque el público se reía: Gillis era un cadáver en la morgue, que hablaba con otros cuerpos. Otros valiosos complementos de esta edición son un atractivo «making», un comentario del historiador Ed Sikov (autor de la mejor biografía que se haya publicado de Wilder) y un corto sobre los tiempos de esplendor de la Paramount, cuyo emblemático portón es uno de los símbolos de esta película. M.Z.
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