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Por un lado, la Argentina remó durante años a contracorriente del mainstream internacional, que desde las dos últimas ediciones de la Documenta de Kassel y la Bienal de Venecia propician un arte ligado a lo social. Por otro lado, a partir del 19 de diciembre de 2001, a los artistas, como al resto de los argentinos, les resulta prácticamente imposible aislarse del convulsionado entorno. En este contexto de incertidumbre creció el afán por revisar el pasado reciente, por retomar los hilos cortados por la ruptura estética de los años '90.
La muestra de la Fundación Proa, Después del autoritarismo de la dictadura que recluyó a los artistas en la soledad del taller, el mundo que los alberga no es el de la calle y las manifestaciones políticas que se exhiben en Proa ni las instituciones o galerías, sino el submundo del café Einstein, el de Cemento, el Parakultural, más ligados a la cultura underground. En esos espacios se produce el cruce interdisciplinario con la música y el teatro, y la virtud de la muestra es rescatar ese incomparable clima de excitación, previo al desencantado «no hay futuro», como pronosticaba la canción.
De esos años quedan los testimonios fotográficos de las psicodélicas reuniones de artistas, de
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