27 de febrero 2002 - 00:00

"Tanguera" desafió a la crisis y sigue durante todo marzo

Tanguera desafió a la crisis y sigue durante todo marzo
El caso de «Tanguera» es atípico en esta Buenos Aires de la desilusión y el cacerolazo. El musical que produjo y creó Diego Romay, en una cartelera donde la moneda corriente son las cancelaciones o las salas semivacías, luce como una «rara avis».

La buena respuesta del público ha determinado que «Tanguera», programada originalmente para una temporada más breve, continúe hasta marzo en El Nacional, donde luego su padre, Alejandro Romay, repondrá en nueva versión uno de sus caballitos de batalla, «El violinista en el tejado». «Tanguera», a partir de entonces, saldrá en gira internacional. Dialogamos con Diego Romay.

Periodista: ¿Cuando estrenan «Tanguera» en España?


Diego Romay:
El 15 de mayo en el Teatro Lope de Vega de Madrid. Eso significa que estaremos en Buenos Aires iniciando las últimas cuatro semanas, es decir que nos quedamos hasta fines de marzo. Luego ponemos toda las escenografía, el set y el vestuario en containers para trasladarlos a España.

P.: ¿Va el mismo elenco que en Buenos Aires?

D.R.: Exactamente el mismo. Está formado, entrenado, conoce la obra y, por lo tanto, sería un error no hacerlo con ellos.

P.: ¿Donde ofrecerán «Tanguera» luego de Madrid?


D.R.:
Allí iniciamos una gira internacional que supongo durará por lo menos un año, luego pasamos a Barcelona, Cádiz, Sevilla, Granada, Palma de Mallorca y Portugal. El siguiente paso, todavía como objetivo, es Londres, para luego intentar Estados Unidos como mercado.

P.: ¿Contaba con una respuesta como la que tuvo?


D.R.:
En absoluto. Y sobre todo porque en el momento en que estábamos gestionando el desarrollo y la producción del proyecto, el país literalmente se estaba cayendo. Llevamos años de tragedia, pero diciembre fue un mes absolutamente trágico. En ese contexto estar creando era especialmente angustiante. Frente a esa realidad uno se preguntaba qué estoy haciendo en medio de este caos. Cuando estrenamos pensábamos que no pasábamos de enero, pero la obra trascendió y lo que fue ocurriendo nos superó, ahora estamos cumpliendo la octava semana y entramos en marzo.

P.: ¿El tango sigue siendo convocante entonces?


D.R.:
No sólo se debe al tango sino a la necesidad del público de reencontrarse lo argentino, sus valores, de tener una cierta esperanza a pesar de los dramas, y de eso trata «Tanguera». Es interesante ver lo que le pasa al público, la emoción que los lleva a aplaudir tras cada secuencia de la obra, cómo se relacionan con el entusiasmo de los bailarines. Es algo que excede lo puramente musical.

P.: El musical, que cuenta una especie de tragedia tanguera, termina mucho antes que termine el espectáculo. ¿Por qué agregaron una serie de bailes después del final?


D.R.:
Es un valor agregado, es la yapa. Y también un guiño con los musicales de
Broadway. Un último paso es de comedia, allí los dos hombres que estuvieron enfrentados, parecen querer dejar de lado la tragedia o, como dicen en Hollywood, salir cantando o, en sentido más criollo, tarareando o silbando.

P.: ¿Fue muy cara la producción?

D.R.: Voy a contradecir una idea que muchos tienen. No es tan cara como la gente se imagina. Está hecha con recursos técnicos y humanos absolutamente argentinos, con gente a la que se le da una oportunidad. Gente que viene trabajando hace mucho en el país, pero no muy conocidos desde el punto de vista popular. Gente que tiene una gran trayectoria en el teatro y que se empeñó en trabajar con este desafío, que es romper básicamente con un paradigma tradicional de los shows clásicos de tango, donde hay una orquesta, o un sexteto, y parejas de baile que entran y salen, algo que está muy bien, que funciona, pero nuestra idea fue atrevernos a contar además una historia. Y que en esa historia el recurso narrativo sea el cuerpo, porque el tango tiene esa maravilla que es la capacidad expresiva de sus bailes. El desafío era como contar esto con artistas que bailan fenomenalmente el tango, formado en otras disciplinas como la danza clásica, contemporánea o el jazz, pero que no son actores. Hubo que entrenarlos, trabajar actoralmente con ellos, fundamentalmente para romper con los estereotipos del tanguero. Todo permitió hacer un producto interesante.

P.: A esto le agregan retomar el mito argentino de «la secta del coraje y el cuchillo» como la describió Borges.


D.R.:
Eso creo que llega a una zona impensada de la gente, a aquella mítica Argentina a la que se llegaba para progresar. Además contamos con una figura como María Nieves que, con sus setenta y dos años, demuestra estar en plena juventud y se baila todo. Es maravillosa. Está Mona Godoy que concibió el diseño coreográfico junto con Omar Pacheco y con Gerardo Gardelín, que es un monstruo en los arreglos, tanto de tangos preexistentes como de soportes dramáticos musicales. Y a esto sumada Eladia Blaz quez con canciones que operan en esa mitología a través de una cantante que hace de coro griego, narrando la historia y vinculando a los personajes con sus aspiraciones y sus dramas. Así se va contando la llegada de los inmigrantes al puerto, cómo la francesita protagonista cae en manos de una mafia prostibularia, su primer encandilamiento por un porteño y la incertidumbre sobre su futuro.

P.: No sólo se habla del drama de los que llegan, también de la esperanza de quienes inmigraban a la Argentina.


D.R.:
Eso hoy resulta paradójico, es lo absolutamente antagónico con lo que nos sucede; y sin embargo es, a la vez, lo que conmueve al público. Cuando la gente se está yendo del país, recordamos a los que venían y que pudieron ser sus padres o abuelos. Sin duda, en el fondo está la nostalgia por el gran país que tuvimos.

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