Chame Buendía: "El teatro en streaming es sólo un documento, no es teatro"
El Teatro Cervantes repuso, en su sitio online, su espectáculo "Last Call", que paradójicamente transcurre en un aeropuerto, hoy sitios desiertos.
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Chame Buendía. El afamado clown tiene 40 años de trayectoria.
“Después de la modernidad, dos guerras mundiales, lo nuclear y ahora el virus, me parece increíble que el teatro siga existiendo, desde el momento en que es lo más tonto del mundo: un tipo arriba del escenario y otros sentados que lo miran y creen que lo que está haciendo es verdad. Esta convención es asombrosa”, dice Gabriel Chame Buendía, clown hace 40 años y profesor hace 30, quien pasaba seis meses en el exterior y otros seis en el país con charlas, clases y giras. Antes de la cuarentena continuaba con su espectacular versión de “Otello” en el Caras y Caretas.
El Teatro Cervantes online subió desde ayer su espectáculo de 2014 “Last call”, y mañana lo presenta en el ciclo “Conversaciones”, a las 18. Dialogamos con él.
Periodista: ¿De qué trata el espectáculo?
Gabriel Chame Buendía: Transcurre en un aeropuerto, justo ahora que estamos en un momento opuesto, obligados a conectarnos con nosotros mismos en esta pandemia, mientras el espectáculo habla de la soledad y el stress contemporáneos, el no poder parar, el estar constantemente en esquizofrenia mental, queriendo hacer algo y después otra cosa. Ahora nos han obligado a quedarnos quietos, está claro que la mayor angustia es esa, estar quietos. Habla también de la llamada de la muerte, la última oportunidad, la última posibilidad, hay algo que conecta con la muerte, no de una manera directa pero es como si el aeropuerto fuera una especie de purgatorio. El personaje de Piola, el payaso, va transformándose al punto de que pierde su identidad, se va descomponiendo, ya no sabe quién es, está en estado de desaparición personal.
P.: ¿Le sorprendió que el Cervantes repusiera este espectáculo de hace 6 años?
G.C.B.: Un poco sí, y me alegra que se hayan acordado, pese a que yo sigo haciéndolo y es muy diferente ahora. Ha ido perfeccionándose, pasó por el Picadero, La carpintería, se iba a reponer en el Caras y Caretas. La que se verá es una versión muy joven, inmadura tal vez, que es muy interesante porque muestra lo que se creó en ese momento.
P.: El teatro que se ve por streaming, ¿es teatro?
G.C.B.: No. Es documento, es lo que va a quedar. Todo lo que hago lo grabo con un buen director, a tres cámaras, a sala llena y festivo, porque queda como documento, pero no me interesa como forma de teatro. El teatro es presencial, no es lo mismo cuando doy charlas online que presenciales. Es cierto que nos mantiene unidos y nos permite llegar a más gente que está en su casa, pero no tiene nada que ver con dar la charla frente a la gente, que ríe, respira, los escucho y contesto, eso me lleva a otra cosa. Hay algo de lo maravilloso del teatro y su presencia que es vital. Confío en que todo volverá a su orden. Va a tardar, costará, pero no fomento el teatro online, sólo es genial para llegar rápido a mucha gente.
P.: Debe sentir lo mismo con sus clases..
G.C.B.: No doy clases online, no le encuentro la vuelta a lo presencial de la clase, puedo hacer una masterclass más teórica pero no una clase normal donde el contacto con el alumno es vital para aprender tiempo escénico y cómo lo creativo nace en el presente del teatro; eso no aparece en el online. Lo interesante de esto es que como no fui hacia afuera sino hacia adentro, estoy escribiendo un libro pedagógico de teoría y filosofía teatral. Voy tranquilo, lento pero voy.
P.: ¿Cómo fue su experiencia en el teatro comercial con Gustavo Yankelevich?
G.C.B.: Fue interesante dirigir “Los Bonomos” destinado al público de la calle Corrientes, igual sigo queriendo hacer Shakespeare y actuar aunque sea en un papel chiquito. Hace tiempo quiero traducir “Rey Lear”, soy cabezadura y lo voy a hacer. También quería incursionar en “Cimbelino”. Veremos cómo se vuelve al teatro el año próximo porque la gente tendrá más rechazo a pagar la entrada que a estar al lado de otro. La gente puede estar con barbijo pero el actor no, no termino de entender cómo sería.
P.: ¿Qué otras reflexiones aparecen con la cuarentena?
G.C.B.: La libertad que no tenemos. Hay que vivirlo con mucha paciencia y compasión por lo que nos pasa. Es momento para profundizar en los sentimientos humanos con respecto a los otros. Podemos bajar decibeles de la máquina interna, la mente siempre está en distracción y ahora intenté retomar la meditación. Aunque parezca mentira ayuda enormemente a calmar la cabeza, y uno entiende que la realidad es relativa y el encierro también. Tengo miedo, como todos, por lo económico, y me da bronca que no se hable profundamente de la dificultad del medio artístico, porque vamos a estar mucho tiempo sin trabajar y los ahorros se van, si se tiene la suerte de tenerlos. Eso me preocupa.


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