El celular como herramienta en la nueva narrativa teatral

Espectáculos

Debuta el sábado la obra que combina teatro de inmersión, en el marco de "Verano off en el Met".

“Clavemos el visto” es la primera obra de teatro que transcurre en la calle Corrientes propiamente dicha, en la peatonal y en las veredas, con la incorporación de pizzerías, librerías, disquerías y bares a su trama. Los espectadores son citados en el teatro Metropolitan Sura para luego desplazarse y sumarse a un grupo de WhatsApp. La obra, creada por Ezequiel Hara Duck y Jony Camiser que se estrena el sábado en el marco de “Verano off en el Met”, es un recorrido performático interactivo guiado por WhatsApp que combina elementos del teatro de inmersión, site specific y nuevas tecnologías.

Los creadores lanzan algunas advertencias al público, a la vez impensadas para una obra de teatro tradicional, por caso, asistir con el celular con la batería cargada y acceso a datos móviles (3G/4G). Además “ruegan” respetar las normas de tránsito. Conversamos con Hara Duck y Camiser.

Periodista: ¿Cuáles son las características que toman del teatro de inmersión o site specific?

Ezequiel Hara Duck: Es un teatro en el que el espectador está inmerso en la obra y forma parte de la narrativa, hay ejemplos como “Tamara”; en Nueva York la famosa “Sleep no more” estrenada en un hotel; aquí se hizo “Usted está aquí” y este año se vio “Chin Gu Containers” en el Konex. El site specific se refiere a obras de arte, teatro o danza pensadas y creadas específicamente para un lugar.

P.: ¿Cómo surgió?

E. H. D.: Advierto que los espectadores utilizan sus celulares en las funciones de teatro, los revisan, hasta hablan en las salas, por lo tanto capitalicé esa problemática y la puse al servicio de una producción artística. En 2013 creé la obra “Perfil bajo” pero la estrené recién en 2017 porque no funcionaba bien el 3G. Aquella era teatro por watasapp para un espectador. Y empecé a pensar cómo agrandar el formato y a partir de ahí me di cuenta que la dinámica de grupos llevaba otras variables y convoqué a Jony.

Jony Camiser: Empezamos a desarrollarla en los bosques de Palermo, hicimos experimentación con amigos y voluntarios guiados por WhatsApp. Después nos llamaron para hacerla en el Centro Cultural Recoleta y más tarde llegó lo del Metropolitan.

P.: Dicen que en la obra el espectador “hackea la Ciudad” y recorre la calle Corrientes con “ojos de ficción”, ¿a qué se refieren?

J. C.: El público saca su entrada en el teatro y entran juntos a un grupo de WhatsApp. Reciben mensajes con consignas para interactuar con otros y se preguntan si quienes los rodean también son espectadores, o transeuntes o acaso actores. De ahí se abren a hacer diferentes cosas como los “flash mobs”, van alterando sin alterar, no generan daño, hacen cosas de algunos segundos que cambian la fisonomía y lógica de la calle.

E. H. D.: Y ese marco grupal les permite, por ejemplo, caminar como rengos, gritar, saltar, reír, saludar gente, cosas que no se animarían a hacer si no estuviesen en ese contexto. La ficción les da licencia. Los monitoreamos continuamente y no permitimos que haya malestar o aburrimiento, si percibimos algo así cambiamos. Es muy flexible la obra, permite diferentes recorridos, la vamos modificando. Es como un laberinto que habilita diferentes caminos.

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P.: ¿Cómo es el recorrido de la obra?

J. C.: Arranca en Metrpolitan y usamos Corrientes al 1400, en el recorrido aportamos información de la calle y se convierte en una suerte de tour teatral. Usamos no sólo las veredas y la peatonal sino la fauna de la peatonal, las estatuas vivientes, cantantess, pizzerías.

P.: ¿Hay alguna reflexión crítica respecto de esa dependencia del celular?

J. C.: Por un lado la obra es una invitación a levantar la vista del celular, conectar con los otros y mirar la Ciudad, la obra no es estar mirando el teléfono. Hay una crítica a esta sociedad híper conectada, uno va al teatro y piden que se apaguen los celulares, pero no en general no se obedece.

E. H. D.: Se me ocurrió usar el celular entonces como herramienta narrativa, veo que los directores de teatro no lo tienen en cuenta y es una lucha inútil, no se adaptan. No nos podemos hacer los tontos, busqué hacerme cargo de que las personas tienen celulares y el desafío del teatro es competir contra el aburrimiento, contra la pantalla del celular. Los directores ofrecen cosas arriba del escenario y la gente es ansiosa y quiere ver qué pasa en sus pantallas.

P.: ¿Qué opinan del sistema que ya es furor en salas de Estados Unidos, con cajas de seguridad para que el público guarde sus celulares?

E. H. D.: Vi “Toy story” en Los Ángeles y me dieron una suerte de bolsa con una traba que uno se colgaba, pero la gente igual estaba ansiosa. Yo prefiero integrar el celular. De hecho en nuestra obra el público no usa el teléfono para otras cosas . Fui a ver “La guíada” al Cervantes, que está dirigida a adolescentes, y había un momento en que habilitaban un break para ver celulares, lo que me pareció interesante para combatir ese de síndrome de abstinencia. La tecnología en el teatro siempre tuvo amantes y detractores, en los últimos años fueron las pantallas gigantes, pero lo de los celulares es aún inédito. Cuando en las salas piden que no usen el celular o que no se abra un caramelo, se piensa en un espectador quieto, yo en cambio lo concibo participativo, en movimiento.

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