Emociones por delivery: actores abren el Zoom a los solitarios

Espectáculos

Ya hay numerosas obras que permiten recrear virtualmente la visita a una sala real.

Pasada la fase inicial de subir obras teatrales al streaming, modo de subsistencia para salas independientes con el objetivo de mantener contacto con el público, surgieron otras opciones creadas en cuarentena que,no se autodenominan “teatro” y se ciñen a lo posible en estos tiempos de confinamiento: uno o dos actores en sus casas y los dispositivos electrónicos como medios para conectarse con el público. Todo sujeto a que la luz o el wifi no fallen.

El sábado debutó “En Casa Miento”, de Nacho De Santis y Sebastián Suñé, con producción de Teatro Nun y el objetivo no sólo de representar una obra sino de emular la experiencia de llegar al teatro, conversar, tomar algo, esperar que se apaguen las luces, ver la obra, aplaudir y salir de la sala conversando, todo de manera virtual. El modo de replicar ese ritual desde la soledad del hogar se planteó de manera ingeniosa: al espectador que compra la entrada se le brinda un código para ingresar en un Zoom donde convivirá en una pantalla con un máximo de 100 personas. La anfitriona da la bienvenida, explica esta “nueva normalidad”, acepta a los espectadores en los varios zoom que tiene abiertos y surge la primera interacción mediante el chat. El público escribió sensaciones, comentarios, chistes e intercambió con los demás espectadores, algo inédito en el pasado sin pandemia.

Antes se pedía que se apagaran los celulares y se evitara el ruido indeseable de los papelitos de caramelos. Ahora se ruega que no se corte internet porque se apaga la experiencia y lo del caramelo… ya nadie se entera. Desde el usuario de Nun teatro se informaba en el chat cuánto tiempo faltaba para que comience la función, se aconsejó buscar algo para tomar y disponerse a seguir la obra en tiempo real, algo que diferencia este contenido con las plataformas de streaming. En el chat se brindó el link de Youtube para ingresar a la obra y una vez que todos los espectadores estuvieron conectados, se habilitó el vivo.

De Santis y Suñé desarrollaron la historia de un casamiento y otras cuatro que se desprenden de la central y ocurren cuando las parejas regresan a sus casas de esa fiesta. Son cinco obras, una por mes a partir de julio y hasta noviembre, los sábados a las 21.

Este mes se presenta “La ex, el colado y el ramo de novia”, con Fernanda Metilli y Agustín Aristarán (Rada); en agosto será “La madre, el tío y el vestido”, con Carola Reyna y Boy Olmi; en septiembre “El primo, la animadora y el show”, con Diego Gentile y Javier Marra, en octubre “El padre, la media hermana, el vecino y el champagne”, con Tamará Garzón, Gustavo Pardi y Gustavo Garzón y en noviembre “El novio, la novia y el anillo”, con Berenice Gandullo y Esteban Masturini.

La obra se gestó durante la cuarentena y se convocó a actores que estuvieran conviviendo y pudieran hacer función desde sus casas. Los ensayos fueron por zoom y primero se concentraron en lo artístico para luego ajustar “la puesta de cámaras” con los celulares disponibles. En el vivo se “ponchan” los dispositivos como cámaras a modo de sitcom en vivo.

Otra de las propuestas que debuta el sábado es “Vengan de a uno”, ciclo de ficciones interactivas por videollamada de WhatsApp para un solo espectador. Fue ideada por Ezequiel Hara Duck, que presentaba en el Met antes de la cuarentena “Clavemos el visto”, con un grupo de espectadores que se reunía en la puerta del teatro para seguir una experiencia de teatro de inmersión por WhatsApp.

En este caso se podrá optar entre cuatro historias, a cargo de cuatro actores diferentes desde sus casas, quienes durante el desarrollo de la obra de alrededor de media hora de duración deberán resolver un conflicto. En tiempo real, pedirán opiniones al espectador del otro lado de la pantalla del teléfono para convertirlo en participante activo a la manera de “Elige tu propia aventura”, el clásico para chicos de los ‘80.

Cuando se compra la entrada se selecciona el día y horario de la función, que implica recibir una videollamada en el horario pactado. Las temáticas giran en torno a personajes vinculados al arte, como un músico que intenta recuperar el amor perdido en “El vecino”; un actor impulsivo que combate una serie de malentendidos en “Entrega a domicilio”, una cantante bajo presión en “Casa prestada” y una sesión de terapia en “La transferencia”. Algunos requisitos: tener luz y buena señal de internet, tanto actor como espectador. Predisposición a nuevas experiencias “teatrales” en un contexto de aislamiento y virtualidad. Paciencia cuando la imagen se pixela y no se acerca ni remotamente al HD de Netflix y otras plataformas. Tolerancia si no se está disfrutando de la función, sobre todo en este último caso, por la exposición en pantalla frente al actor. Algo que varios espectadores agradecerán en estos tiempos de entretenimiento solitario jugando al ritual del teatro es que no haya que pasar por el mal momento de levantarse de la butaca y escapar de la sala. Basta con desconectarse.

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