Historia de un matrimonio (no consumado)

Espectáculos

"Así de simple" lleva siete temporadas en cartel y se presenta en El Picadero. Encara con humor una historia de amor que termina diluyéndose.

Cuando una obra lleva siete temporadas en cartel, hay que prestarle atención. Es el caso de “Así de simple”, escrita cuando Ignacio Bresso y Sofía González Gil, hija del director teatral Manuel González Gil, tenían apenas 23 años. Se presenta en el teatro Picadero, los jueves a las 22, luego de haberse transformado en puesta y elenco hasta quedar “como la queremos mostrar”, en palabras de González Gil, también directora de la obra. “Así de simple” es una frase irónica de lo complejas y enroscadas que resultan las relaciones, en especial las amorosas. Como en retazos, comienza con el llanto desconsolado ante la ruptura, y en las escenas posteriores recrea en orden aleatorio las postales de una historia de amor y convivencia que termina diluyéndose. Lo más interesante radica en que los dos protagonistas, Clara y Joaquín, están representados por tres personajes cada uno, como si fueran el Ello, en su fluir de pulsiones y deseos, el Yo, esa barrera de lo conciente, y el Superyo, con ese deber ser y moral que filtra, enmarca y proviene de la ley paterna. Conversamos con González Gil.

Periodista.: ¿Cómo surgió la obra?

Sofía González Gil: Con Ignacio somos amigos desde chicos y cuando empezamos a escribirla habíamos atravesado separaciones fuertes. De todos modos era otra edad, teníamos 23, era otra vida, ahora tengo 31. Fueron evolucionando las temáticas, antes eran más juveniles, más adolescentes, y a medida que fuimos madurando hicimos lo propio con la obra, reescribimos mucho e incorporamos temas más adultos, por ejemplo, la maternidad, el reloj biológico, la injerencia de la familia del otro en la relación.

P.: Sin embargo esos temas se sugieren pero no se abordan en profundidad. La obra debiera tener una segunda parte con la problemática de los hijos, que complica todo más aún...

S. G. G.: Ahora estamos escribiendo juntos una segunda obra pero con otra temática. Trata sobre las amistades que duran a lo largo del tiempo, que no se sabe bien si uno las elegiría hoy y que se arrastran del pasado. Esperamos hacerla este año.

P.: ¿Los tres personajes que construyen a cada protagonista son el Ello, el Yo y el Superyo?

S. G. G.: Ignacio es psicólogo, eso debe estar ahí, pero la dividimos en racional, emocional y social. El protagonista, el que saca la voz afuera, es el fitro del yo social, la barrera de la moral, lo que suaviza para que no sea tan fuerte cómo uno lo pensó y cómo uno lo comunica. La segunda es la emocional, que es puro impulso, y la racional, que pasa por la cabeza y siente menos.

P.: ¿Cuánto aportan actores a la construcción de los personajes?

S. G. G.: Estamos en un punto en que la obra ya está muy armada, ya hicimos un año del Picadero y está como la queremos mostrar. Los actores que entraron para esta temporada no aportaron tanto porque ya está demasiado cerrada. Siempre es tan coral, tan de seis, que si se mueve una pieza termina modificando a todos, es inevitable, porque es muy de equipo, no de protagonistas.

P.: ¿A qué público interpela?

S. G. G.: Cuando la escribimos pensábamos que vendría público de veintipico, porque apela a la identificación, pero nos sorprendió que es muy amplia la gama de edades. Viene gente grande, que la pasa muy bien y dice que le recuerda a su primer matrimonio cuando se separó y siempre hay alguien que encuentra un pedazo de la vida que aplica a estas situaciones. También se acerca gente más chica de 18, 19 años.

P.: El apelar a un tiempo aleatorio, no cronológico, ¿proviene del lenguaje de las series?

S. G. G.: Concientes no lo hicimos, y si bien los dos consumimos muchas series, fue escrita hace mucho, en 2013, cuando todavía las series no eran furor. Es como si hubiéramos elegido diferentes momentos aleatorios para contar la historia de esta pareja que no funcionó. Un poco por un código teatral de tener ritmo, que no vaya de más emoción a menos, y porque el contraste cuenta en sí mismo, el contrapunto de estar enamorados a enojados impacta.

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