4 de agosto 2006 - 00:00

Tenis y pecados en un notable film de Allen

Tenis y pecados en un notable film de Allen
«Match Point» (id., Gran Bretaña-EE.UU., 2005; habl. en inglés). Dir.: W. Allen. Int.: J. Rhys Meyers, S. Johansson, M. Goode, E. Mortimer, P. Wilton y otros. SBP. DVD.

La primera película inglesa de Woody Allen fue un retorno a sus mejores tiempos (por las filtraciones de la prensa, daría la impresión de que la segunda, «Scoop», es en cambio un revés). Por el momento, entonces, hay que disfrutar «Match Point» y todo su ingenio: sin duda es un film para descubrir o volver a visitar ahora, con su edición en DVD.

En el primer caso, cuanto menos se conozca de su argumento antes de verla, mucho mejor; básicamente, es la historia de un arribista, Chris (Jonathan Rhys Meyers), irlandés de clase baja que llegó a ser figura del tenis -aunque nunca número uno-, y que más tarde, ya establecido en Londres, trabaja como instructor de aficionados en un club exclusivo. Su empleo lo lleva a conocer a Tom (Matthew Goode), hijo de una familia de clase alta, y a través de él a su hermana Chloe (Emily Mortimer), que se enamora pronto del descastado. Chris le corresponde, pero parece más enamorado de la idea de llegar a pertenecer a la aristocracia que de la muchacha, cuya única obsesión es ser madre lo antes posible. En una de las primeras fiestas en la casa de campo, Chris se cruza con la novia de Tom, la vanidosa norteamericana Nola (Scarlett Johansson), otra descastada como él: punto de partida del drama, en un crescendo que no cesa y que Allen, con un pulso narrativo realmente infrecuente en su obra, mantiene en alto toda la película.

Allen, viejo embustero, ha dicho que el azar es el tema de «Match Point», pero tal vez ni él lo crea. Por el contrario, el tema parece ser la imposibilidad de que un golpe de fortuna, o de desgracia, sea capaz de torcer un destino, o de modificar radicalmente la forma de prisión que cada uno se eligió o le fue predestinada. Si Allen creyera realmente en el azar, sería un optimista. Nada más lejos de él.

Como en «Crímenes y pecados», el autor que sobrevuela esta película es Dostoievsky, de una forma más amarga y agnóstica. En aquel film estaba presente la mirada de Dios; en éste, no hay otra mirada externa que la de la policía (torpe y ciega, como en Hitchcock), dejando al hombre librado a su propia culpa, forjándose la cárcel que eligió.

Marcelo Zapata

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