8 de junio 2006 - 00:00

"Tiempo de volver a amar"

El director de «Tiempo de volver a amar» quiere contar demasiadas cosas mezclandogéneros y retorcimientos estilísticos, con estética de film de arte y un desperdicio deactores.
El director de «Tiempo de volver a amar» quiere contar demasiadas cosas mezclando géneros y retorcimientos estilísticos, con estética de film de arte y un desperdicio de actores.
«Tiempo de volver a amar» (The Queen of Sheba's Pearls, Suecia-G.Bretaña, 2004, habl. en inglés y sueco). Dir. y Guión: C. Nutley. Int.: H. Bergström, R. Lassgard, P. Vaughan, E. Atkins, L. Cranitch, E. Spriggs, R. Weeks.

Seis años después de su notable «Bajo el sol» se estrena esta inexplicable mélange que el director y guionista inglés afincado en Suecia Colin Nutley realizó en 2004. Todo comienza con una anciana recordando algo. Inmediatamente se la ve mucho más joven despidiendo en una estación de trenes a su pequeño hijo por unos días, pero cuando éste llega a destino (la casa de su abuela, poblada de tías y otros circunstantes, entre ellos un diácono), lo espera la noticia de que la madre murió en un accidente de avión.

Estamos en Gran Bretaña en los inicios de la segunda guerra mundial, y el padre del chico aparece como un orgulloso oficial de la Armada al servicio de su majestad, al que de repente alguien le reprocha andar de uniforme «sin ser soldado». De vez en cuando, la difunta aparece hablándole a su hijo; decidir si son sueños u otra cosa corre por cuenta del espectador.

Pasan ocho años. El día de su cumpleaños número 16, el chico es severamente reprendido por un maestro por llegar tarde al coro (lo que parece querer subrayar el director ésta y otras veces a lo largo del relato es la represiva educación inglesa). Ya en su casa, una mujer idéntica a la muerta, pero sueca, le interrumpe la ceremonia de soplar las velitas junto a toda la familia. Todos ponen cara de espanto y, a partir de ahí, empiezan a comportarse muy raro. «Realismo mágico» parece que concluyó el crítico de «Variety». Al menos en lo que respecta a la extraña aparición, ahí hubo más realismo que magia según se devela acumulando retorcimientos estilísticos y, sobre todo, géneros. Para no fatigar al lector, digamos que los principales son: melodrama; film de iniciación y pasaje (el despertar sexual del chico mediante un juego que lleva el título original de la película: «Las perlas de la reina de Saba», que a la vez juega con un collar de perlas que en realidad son dos), un toque de comedia ¿negra? a la «Six feet under» (dentro de todo lo más simpático), y unos cuantos romances a cual más improbable, que justifican el título local.

Al parecer, ésta es la primera película que Nudley rodó en su país tras varias obras enteramente suecas. A la vista de lo que le salió se comprende por qué no consiguió compartir su rentrée ni con sus compatriotas (la Argentina sólo comparte el honor del estreno en cines con Australia y Suecia). Se diría que además de querer contar demasiadas cosas -al punto de que por momentos el montaje parece hecho a dentelladas con fuga de sentido en cada bocado-, el director buscó recuperar el tiempo perdido retratando esa otra idiosincracia. El resultado es un catálogo de lugares comunes sobre el «ser inglés» con estética de film de arte y un desperdicio de actores, empezando por su esposa, la actriz sueca Helena Bergström, la misma que se lucía en «Bajo el sol» y acá hace una caricatura. Mejor dicho, dos.

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