6 de septiembre 2005 - 00:00

Tiene buen nivel "Rey Kandaules" del Colón

La gran voz y la personalidad de Nina Worren (Nysia) y la régie rica en dramatismo teatral de Marcelo Lombardero están entre lo mejor de esta producción, que revela «El rey Kandaules» al público argentino.
La gran voz y la personalidad de Nina Worren (Nysia) y la régie rica en dramatismo teatral de Marcelo Lombardero están entre lo mejor de esta producción, que revela «El rey Kandaules» al público argentino.
«El rey Kandaules». Opera en tres actos. Lib. y mús.: A. von Zemlinsky. Dir. mus.: G. Neuhold. Régie: M. Lombardero. Esc.: D. Taiana. Vest.: L. Gutman. Direc. Coro: S. Caputo. Ilum.: R. Traferri. (Teatro Colón. Repite: 7 y 9 de septiembre.)

El pasado viernes se produjo en el Colón el estreno americano de «El rey Kandaules», de Alexander von Zemlinsky (de cuyas características se ocupó este diario el mismo viernes). Aquellos que mostraban ansiedad por conocer este título debieron esperar 40 minutos más para calmarla. Una demora en el tránsito por marchas de piqueteros, y una asamblea realizada en el escenario minutos antes del comienzo de la función provocaron el atraso, ante el cual los abonados reaccionaron de maneras distintas: o bien esperando en calma o expresando con gritos su malestar.

A las 21.10 se levantó el telón de lo que puede considerarse el estreno más trascendente del año. La ópera plantea una cuestión moral relacionada con el poder y la belleza. El rey Kandaules esconde a su hermosa mujer Nysia de los ojos extraños. Cuando el pescador Giges, amigo de la infancia del rey, llega al palacio, ofrece en el colmo de la generosidad a su esposa al pescador. Cuando Nysia toma conciencia de esta entrega, le pide a Giges que mate al rey. El pescador lo hace y toma el lugar de Kandaules en el reino.

El lenguaje sonoro de Zemlinsky, que se asemeja al wagneriano y straussiano, nunca llega a las alturas de sus predecesores pero resulta sumamente creativo en la exposición de dinámicas y de timbres orquestales. La voz cantada y hablada, de sencillas líneas, está íntimamente relacionada con el fragor de una orquestación densa y magnificente. La obra funciona como un pieza teatral con música incidental más que una ópera en el sentido tradicional.

De todas formas hay un primer acto notable, con un final eficaz, y dos actos finales (que aquí se ofrecen sin interrupción) de menor enjundia, aunque el trabajo del compositor austríaco perseguido por el nazismo es siempre atractivo y conmovedor. El estreno de la obra se debió a Günther Neuhold en la dirección musical y a Marcelo Lombardero en la escénica. El primero brindó una versión briosa, potente e impulsiva de la partitura, con «tempi» adecuados y expansión instrumental, a tal punto que a veces algunos cantantes sucumbieron con su volumen limitado al empaste y la fuerza orquestal, tal el caso del tenor Hakan Aysev.

Lombardero
preparó una régie rica en dramatismo, teatral. Tuvo inmejorables colaboradores en su equipo: Taiana en una bella escenografía, Gutman en un no menos bello diseño de vestuario y Traferri en una esplendorosa iluminación. El elenco, además del en muchos tramos insuficiente Aysev, tuvo la gran voz y personalidad de la excepcional Nina Worren, una auténtica estrella del canto y de la actuación. Peter Edelman como Giges no desentonó. El resto del elenco argentino cantó con capacidad los breves papeles de una obra de rara belleza, que el público argentino debía conocer. Es una de las obligaciones básicas del Teatro Colón que esta vez se ha cumplido con altura y responsabilidad.

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