21 de marzo 2002 - 00:00

"TODAS LAS AZAFATAS VAN AL CIELO"

Alfredo Casero
Alfredo Casero
«Todas las azafatas van al cielo» (Argentina-España-Italia-Japón, 2002, habl. en español.) Guión y dir.: D. Burman. Int.: A. Casero, I. Rubio, V. Bassi, N.Aleandro, E. Disi, V. Llinas.

E s una comedia romántica, bastante peculiar, pero romántica. Y al mismo tiempo es otra cosa. Es una comedia sobre la recuperación de dos seres que sufren, y cuya cara de sufrimiento, paradójicamente, nos causa gracia: una azafata y un odontólogo, cada uno con su dolor, conociéndose en circunstancias ridículas en la hermosa Tierra del Fuego, y confirmando las posibilidades de «un amor de cabotaje», como dice su protagonista, mientras atiende el trabajo de las azafatas, en «ese país de morisquetas, sonrisitas medidas, y bandejas recalentadas».

Ella vive sola, rodeada de cactus, y lo que le pasó fue algo casual (cuántas dicen lo mismo), y ahora no sabe qué hacer. Salvo los del trabajo, todo viaje que emprende lo abandona a mitad de camino. El en cambio ha quedado solo, apenas con una cajita, y lo que le pasó es definitivo, aunque, ya se sabe, los hombres suelen ser reincidentes. Por ahora está frente a pasillos que debe transitar, o por donde debe, o debería, venir su nueva vida. La noche y la blancura los envuelven.

Detalle interesante, por ahí el odontólogo casi se mata, y va a parar a un cielo intermedio, transitorio, un hospital todo blanco, con una enfermera toda blanca, que lo atiende y lo ama. ¿Rehará con ella su corazón? No suele ocurrir, en una comedia romántica, que el beso más memorable sea destinado a un tercer personaje, pero ya dijimos que esta obra es bastante peculiar. Véanse si no algunos oficios que desarrolla para vivir quien, según las reglas del género, se convierte en amiga y consejera de la protagonista. Y es buena amiga, da buenos consejos, y transmite vitalidad, aunque al mismo tiempo se alquile para amar, o mate los frutos del amor, o del desamor. Esto en una comedia a la americana no pasa, o al menos no pasa todavía. Quizá por eso se ganó el premio del Sundance/NHK, es decir, el premio de americanos y japoneses, al mejor guión.

Película detallista, de personajes bien pensados e intérpretes compradores, empezando por Alfredo Casero, con una factura que parece nórdica, música nipo-folk (aparte suena una italiana), y ritmo propio (esto también hay que decirlo, porque quizá le convenían unos minutos menos), «Todas las azafatas van al cielo» agrada también por el modo en que hace reflexionar sobre los sentimientos. Algo más: los personajes evitan (al fin una excepción) el habla coloquial, salvo unos vulgarotes que fastidian cada tanto, como para que los demás bajen a tierra.

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