A l axioma que afirma que las segundas partes no son buenas, se podría agregar que las secuelas que aparecen demasiado rápido a veces son todavía peores. Este parece haber sido el problema con la continuación del taquillero film de terror «Sé lo que hicieron el verano pasado», convertido ahora en una franquicia que ya está preparando su tercera parte a pesar de los pobres resultados alcanzados con esta segunda entrega de la saga del psicópata de las cartas anónimas, el piloto de pescador y el gancho destripador. Si bien el primer film estaba lejos de ser un clásico del género, al menos partía de una premisa interesante y tenía escenas intensas que realmente lograban asustar al espectador. Pero «Todavía sé lo que hicieron el verano pasado» no contó con el director ni el guionista original (que además partía de una novela, lo que generalmente ofrece un punto de partida más sólido para una trama).
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Los que sí quedaron fueron algunos miembros del reparto de la primera película. Jennifer Love Hewitt sigue tan preocupada como al final de sus desventuras anteriores, y en realidad tiene razón para estar nerviosa: el premio consistente en pasar un fin de semana en las Bahamas se convierte en una pesadillesca estadía en un hotel macabro aislado por un huracán y, como no podía ser de otra manera, visitado por un asesino psicópata. A pesar de que nadie podría esperar un argumento profundo ni demasiado coherente, al menos el público sí querría un film con buenos climas horripilantes, ritmo y suspenso. Lamentablemente, el guión ofrece una serie de remanidos lugares comunes carentes de intensidad, humor o alguna gracia en cualquier rubro, y recién a partir de la segunda parte, la película brinda algunas escenas realmente aterradoras o entretenidas. Entre los momentos interesantes hay una frustrada sesión de karaoke donde en medio de una imitación de Donna Summer se infiltra la ominosa frase del título. El realizador Danny Cannon había demostrado su talento en la megaproducción con Stallone «El juez», pero aquí hizo un trabajo formal correcto pero no demasiado elaborado, agregando un par de homenajes a los clásicos de terror de Jacques Tourneur que en realidad no tienen mucho que ver con el tema de la película. En medio del insostenible argumento se agradece la breve actuación de Jeffrey Combs, protagonista de films de terror clase B de los '80 mucho más atractivos que este producto poco inspirado.
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