10 de diciembre 2002 - 00:00

Tomasello, arte sin artificio

Obra de Luis Tomasello
Obra de Luis Tomasello
"A menudo voy a ver la catedral de Chartres: es una maravilla que resume la historia del arte en la arquitectura, la escultura y el color. Es esa belleza física que yo califico de poética", ha dicho Luis Tomasello, quien vendrá a Buenos Aires para inaugurar su muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes, pasado mañana, a las 19.

En su obra no hay artificios ni espectáculos visuales, como ha observado César López Osornio, director del Museo de Arte Latinoamericano. Tomasello nació en La Plata en 1915 y reside en París desde fines de la década del 50, es una de las figuras más destacadas del arte cinético, al que explica como una «progresión desde el arte cubista, el abstracto, y luego el geométrico».

No es casual por eso su asociación estrecha entre pintura y arquitectura, así como sus intervenciones en el espacio. Entre estas últimas cabe destacar el Mural para el Edificio San Pedro, en Guadalajara, México; el techo del hall de ingreso a la Facultad de Farmacia en la Universidad de Marsella, y el Mural luminoso-acústico para el Salón azul del Congreso y Centro de Convenciones de la Puerta Maillot, de París.

•Integración

Admirador de Kasimir Malevitch y Piet Mondrian, en sus objetos y sus telas integra la pintura y la escultura con la arquitectura. Los historiadores coinciden en que fue Vasili Kandinsky quien, hacia 1910, abolió los últimos vestigios de figuración pictórica, y toman a una acuarela suya de entonces como el nacimiento del arte abstracto (también llamado no representativo, no objetivo o no figurativo).
En 1913, en Berlín,
Kandinsky se entregó de lleno a estas experiencias, derivadas del fauvismo y expresionismo. Pero también en 1913, en Moscú -ciudad natal del gran artista ruso Kandinsky-, iniciaba Malevich un camino distinto con su Cuadrado negro sobre fondo blanco.

A las formas imprecisas de Kandinsky y otros pintores abstractos (Robert Delaunay, François Kupka, Francis Picabia), opuso Malevich los trazos rigurosos de la geometría. El constructivismo es un movimiento que entre 1920 y 1930 reunió a creadores de arte (Malevich, Tatlin, El Lissitzky, Rodchenko y Gabo) y arquitectura ( Guinzburg, Leonidov, Chernikov y Krasilnikov), cuyo aporte sólo fue reconocido tres décadas después de su desaparición forzada por la represión del stalinismo.

Entre tanto, la abstracción geométrica (así denominada para diferenciarla de la abstracción orgánica o lírica de Kandinsky) recibió dos grandes impulsos: el neoplasticismo de los holandeses Piet Mondrian y Theo van Doesburg, el belga Georges Vantongerloo y el alemán Friedrich Vordemberge-Gildewart, que surgió hacia 1917, y los logros del Bauhaus (1919-23), donde enseñaban László Moholy-Nagy, Paul Klee y Josef Albers.

Los jóvenes artistas argentinos también estaban al tanto, aunque de modo fragmentario, del último
Kandinsky, de Mondrian, van Doesburg y Vantongerloo. Los hitos de entonces son el Manifiesto de los Jóvenes contra la figuración, escrito en 1941 por Claudio Girola,Alfredo Hlito y Tomás Maldonado (todos ellos, menores de 20 años); la edición en Buenos Aires, en 1943, del libro « Universalismo constructivo», de Joaquín Torres García -que sucedió a su muestra -, y sus conferencias de 1942, que sirvieron para estrechar las relaciones con sus admiradores de Buenos Aires.

Luego, la publicación, en 1944, del número uno (único) de «
Arturo», «revista de artes abstractas» y órgano de los nuevos creadores. En 1945-46, se produjo el cisma: la Asociación Arte Concreto-Invención ( Maldonado), y el Movimiento Madí ( Arden Quin). Un tercer y último desprendimiento es el Perceptismo de Raúl Lozza (1947), que continúa hasta el día de hoy.

Más allá de las divisiones de entonces, todos buscaban lo mismo: inventar una nueva realidad estética. Se trataba, y se trata, de forjar un arte de hechos visuales puros, ajeno a toda intención metafísica o emotiva y, por cierto, realista-figurativa: un arte válido por sí y en sí, libre de convenciones. Su arsenal es escaso, aunque con posibilidades ilimitadas: líneas rectas y curvas, triángulos, cuadriláteros, polígonos, elipses, círculos, más las combinaciones y modificaciones con la interacción de estos elementos.

El espacio se vuelve dinámico, porque en él inciden el juego de las formas y las tensiones que ellas entablan en la tela, es decir, en el contexto de esta geometría sensible. Hacia mediados de la década del 50, los grupos se disolvieron, no así su influencia seminal (la experimentación actualizada), su teoría específica (el arte objetivo), y sus adelantos e innovaciones (la idea del borde neto o hard edge, el cuadro con forma propia o shaped canvas, el uso de materiales no tradicionales en la escultura, el vuelco al diseño gráfico.

•Enfasis

El arte cinético y el Op art (arte óptico bautizado de tal manera para distinguirlo del Pop art, en plena boga entonces), ponen el énfasis en la luz y en el movimiento, representados en la tela o generados por medios mecánicos en esculturas y objetos. La participación del espectador es entonces más necesaria que nunca, porque se requiere la absoluta complicidad de sus ojos.

En cuanto a cinéticos y ópticos,
Tomassello junto a los otros argentinos residentes en Francia -Marta Boto, Hugo Demarco, Gregorio Vardánega, Julio Le Parc y Horacio García Rossi fueron pioneros y reconocidos exponentes de esas dos tendencias oriundas de la geometría. El aporte esencial de ambas corrientes es el movimiento y la luz (virtuales en el arte óptico, reales en el arte cinético).

Los futuristas italianos abordaron la representación pictórica del movimiento y
Marcel Duchamp contribuyó a la materia con Desnudo bajando una escalera, pintado en 1912. Sin embargo, fue el pintor constructivista húngaro Moholy-Nagy -padre del matrimonio arte y tecnología, quien produjo el movimiento y la luz con sus Moduladores, esculturas cinéticas que realizaba desde 1922. Los Móviles del norteamericano Calder son de 1932.

Pero si la figuración, al menos una cierta figuración, impedía representar al movimiento, la geometría, por lo contrario, lo facilitaba. Es otro húngaro,
Víctor Vasarely, radicado en París desde 1930, quien inició estas experiencias en la década del 50. No todos los argentinos recibieron su influencia, pero sintieron la necesidad de superarlo y pasar al movimiento real.

Le Parc
y García Rossi fundaron en 1960, con tres artistas franceses y un español formado en la Argentina, el Groupe de la Recherche d'Art Visuel, GRAV, disuelto en 1970, luego de ganar una real fama por sus realizaciones. Tomasello, Boto y Vardánega elaboraron estructuras, objetos y relieves para representar el movimiento y la luz. «Me aproximo a los impresionistas que buscaron captar la luz para ponerla en colores sobre sus telas», ha señalado Tomas ello.

En sus relieves, las gradaciones coloreadas que producen, señalan el principio de descomposición de la luz.
«Tengo un antiguo y fraternal vínculo con Luis Tomasello», ha dicho su amigo, el crítico y teórico Saúl Yurkevich, -y agrega-«Integramos una fecunda y solidaria cofradía. A ella pertenecía Julio Cortázar, siempre presente. Digamos lo que digamos, o hagamos lo que hagamos, siempre lo asociamos con Julio, el hilo nos entrelaza».

Cortázar
se había referido a Tomasello como un alquimista que por debajo del rigor geométrico transforma lo sólido e inmóvil, dilatando los objetos en color y luz. «... me fascina toda obra humana que de alguna manera colabora en esa gimnasia de la luz y de sus estados de ánimo, quiero decir de los colores».

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